Destrucción del entramado productivo: industria, construcción y comercio, los sectores más afectados por las políticas de Milei
Un informe de la Fundación Encuentro, elaborado a partir de datos de INDEC, SIPA, la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP) y CAME, pone en perspectiva la evolución de la actividad económica desde un punto de partida que, además, estuvo marcado por una de las peores sequías de las últimas décadas.
- Economía
- Sep 2, 2026
La industria argentina llegó al festejo de su «Día» con un nivel de utilización de su capacidad instalada significativamente inferior al que tenía en el primer trimestre del 2023, mientras la producción manufacturera, la construcción, el comercio y el empleo privado registrado también muestran retrocesos respecto de ese momento.
Un informe de la Fundación Encuentro, elaborado a partir de datos de INDEC, SIPA, la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP) y CAME, pone en perspectiva la evolución de la actividad económica desde un punto de partida que, además, estuvo marcado por una de las peores sequías de las últimas décadas.
La comparación muestra que la producción industrial cayó 12% entre los primeros seis meses de 2023 y el mismo período de 2026, mientras la utilización de la capacidad instalada pasó de 66,6% a 57,6%, una pérdida de nueve puntos porcentuales.
En paralelo, la construcción retrocedió 13,4%, los despachos de cemento se redujeron 24,2% y el comercio mayorista y minorista cayó 5,6%. En el mercado laboral, entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 274.600 puestos de trabajo asalariado privado registrado, una baja del 4,3%.

El dato industrial resulta particularmente relevante porque no se trata solamente de una menor producción en términos coyunturales, sino también de una menor utilización de la estructura productiva existente.
Una parte considerable del aparato productivo permanece sin utilizar, en un contexto en el que el Gobierno nacional sostiene un esquema económico basado en la apertura comercial, la reducción del gasto público y una mayor exposición de la producción local a la competencia externa.

La diferencia entre producir menos y contar, además, con una mayor proporción de capacidad ociosa permite observar una dimensión que no siempre aparece en las mediciones generales del Producto Bruto Interno: las empresas tienen infraestructura, maquinaria y trabajadores potenciales que podrían estar produciendo, pero que no son requeridos por la demanda existente.
UNA INDUSTRIA MÁS OCIOSA
La caída de nueve puntos porcentuales en la utilización de la capacidad instalada no fue uniforme entre las distintas ramas manufactureras. Según la Fundación Encuentro, once de los doce bloques sectoriales relevados por el indicador registraron en 2026 un menor uso de sus instalaciones que en el primer semestre de 2023, con una excepción significativa en la refinación de petróleo.
La industria automotriz pasó de utilizar 59,6% de su capacidad a 41,7%, mientras la metalmecánica no automotriz descendió de 55,4% a 38%. En productos textiles, el indicador pasó de 53,7% a 39,2%. Estos datos adquieren importancia porque se trata de actividades que tienen una fuerte vinculación con cadenas de proveedores locales y con el empleo industrial.

Los registros mensuales del INDEC muestran, además, que la baja utilización no constituye un fenómeno aislado de un solo mes. En junio de 2026 la capacidad instalada industrial se ubicó en 59,1%, apenas por encima del 58,9% del mismo mes del año anterior.

El promedio semestral utilizado por Fundación Encuentro permite, precisamente, evitar que un dato mensual favorable o desfavorable distorsione la comparación entre ambos períodos.
El segundo indicador utilizado por el informe confirma el deterioro. El Índice de Producción Industrial Manufacturero pasó de un promedio de 129,7 puntos en enero-junio de 2023 a 114,1 puntos en el mismo período de 2026, equivalente a una caída del 12%.
La contracción alcanzó a 13 de los 14 bloques sectoriales relevados. Los mayores retrocesos corresponden a productos textiles, con una baja del 34%; maquinaria y equipo, con una caída del 33,4%; y otros equipos e instrumentos, que retrocedió 30%. Solo la refinación de petróleo logró mejorar en la comparación, según los datos recopilados por la Fundación Encuentro.

La amplitud de la contracción resulta significativa porque muestra que no se trata solamente de un problema concentrado en una rama determinada, sino de un proceso que atraviesa buena parte del entramado manufacturero.
La información oficial también permite observar que existen sectores con mejores desempeños dentro de la industria, aunque eso no alcanza para modificar el resultado agregado.
En junio, por ejemplo, el INDEC informó una utilización de capacidad instalada de 87,3% para la refinación de petróleo, mientras otros sectores industriales permanecían muy por debajo de ese nivel.
El problema para la industria local no se limita entonces a cuánto produce cada fábrica, sino a qué tipo de actividades consiguen sostenerse en el nuevo esquema económico.
Una estructura productiva puede mostrar crecimiento en sectores vinculados con recursos naturales y, al mismo tiempo, perder volumen en ramas manufactureras que requieren más proveedores, mayor cantidad de trabajadores y una demanda interna sostenida.
CIENTOS DE MILES MENOS
Entre diciembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo asalariado privado registrado pasó de 6.382.700 a 6.108.100 trabajadores, según la serie SIPA utilizada por la Fundación Encuentro. La diferencia equivale a 274.600 puestos menos y a una reducción del 4,3%.
La caída tampoco quedó concentrada en una región determinada. Solo cinco jurisdicciones aumentaron el empleo privado registrado durante el período: Tucumán, con una suba de 8,3%; Neuquén, 6,8%; La Rioja, 1,2%; San Juan, 0,7%; y Río Negro, 0,5%. Las otras diecinueve provincias registraron reducciones.
En términos relativos, las mayores pérdidas se observaron en Santa Cruz, donde el empleo privado cayó 18,7%; Tierra del Fuego, con una baja de 17,4%; y Chubut, que retrocedió 14,6%. En términos absolutos, la mayor reducción correspondió a la provincia de Buenos Aires, donde se perdieron aproximadamente 100.900 puestos.

La dinámica laboral es uno de los puntos que permite discutir una de las características centrales del modelo económico actual: la posibilidad de que algunos sectores registren crecimiento sin que ese resultado se traduzca en una recuperación equivalente del empleo formal.
El dato de los 274.600 puestos perdidos adquiere otra dimensión cuando se lo relaciona con la industria y la construcción, dos actividades que históricamente tienen una fuerte capacidad para generar empleo directo e indirecto. En la construcción, el impacto se extiende a fabricantes de cemento, acero, ladrillos, cerámicos, maquinaria y otros insumos.
LA DESTRUCCIÓN DE MILEI
La construcción aparece como otro de los grandes sectores perdedores de la comparación. Según el informe, el indicador de actividad del sector elaborado a partir del EMAE pasó de un promedio de 153,1 puntos durante el primer semestre de 2023 a 132,6 puntos en el mismo período de 2026, lo que representa una contracción de 13,4%.

Los despachos físicos de cemento muestran una caída todavía mayor. El promedio mensual pasó de 1.029.965 toneladas en enero-junio de 2023 a 780.201 toneladas en el primer semestre de 2026, una disminución del 24,2%.

La diferencia entre ambos indicadores es relevante porque el cemento permite observar el movimiento físico de una parte central de la actividad constructiva, sin que la evolución de los precios pueda explicar por sí misma el resultado.
A su vez, la menor demanda de materiales repercutió sobre la industria de minerales no metálicos, cuya producción cayó 25,7% respecto del primer semestre de 2023.

El retroceso de la construcción también ayuda a explicar la persistencia del deterioro laboral. Se trata de una actividad intensiva en trabajo y con un amplio entramado de empresas pequeñas y medianas, por lo que una reducción sostenida de la obra privada y pública tiene efectos sobre una cadena que excede a las empresas constructoras.
En este punto, la comparación con 2023 resulta especialmente significativa porque aquel año no fue un período de expansión homogénea de la economía. Por el contrario, estuvo marcado por una fuerte sequía que afectó la producción agropecuaria y redujo los ingresos de exportación, además de generar una caída del producto interno bruto de 1,6% durante el año, según los datos citados por la Fundación Encuentro.

