Pobreza infantil: cuatro de cada 10 chicos tienen dificultades para acceder a ropa y calzado en Argentina
El 37,5% de los niños y adolescentes atravesó durante el último año dificultades económicas para comprar vestimenta. Según la UCA, la pobreza infantil alcanzó el 42,5% en 2026 y podría trepar al 44,4% en el primer semestre, de acuerdo con estimaciones de UNICEF.
- Info general
- Ago 18, 2026
El último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte que la pobreza infantil no se limita a las dificultades para acceder a alimentos o una vivienda, sino que también impacta sobre otros aspectos centrales para el desarrollo y la integración social, como el acceso a ropa y calzado, el aprendizaje, los vínculos con otros chicos y el bienestar emocional.
Según el estudio, el 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para comprar ropa o calzado por motivos económicos durante el último año. Se trata de la privación con mayor brecha entre los distintos niveles socioeconómicos: alcanza al 58,3% de los chicos de nivel socioeconómico muy bajo, frente al 17,8% registrado entre quienes pertenecen al nivel medio alto.
El impacto de la pobreza también se refleja en otros aspectos de la vida cotidiana. El 36,8% de los niños y adolescentes presentó problemas en el aprendizaje escolar, mientras que el 27,3% tuvo dificultades para hacer amigos y el 18,1% atravesó situaciones de malestar emocional.
El informe del ODSA señala además que la infantilización de la pobreza se profundizó en los últimos años. A lo largo de toda la serie analizada, los hogares con niños y adolescentes presentan tasas de pobreza sistemáticamente superiores a las de los hogares sin menores. Los grupos de 4 a 11 años y de 12 a 17 años mantienen trayectorias similares, mientras que la primera infancia, de 0 a 3 años, registra las tasas más bajas, en parte por la existencia de transferencias específicas como el Plan 1000 Días.
En cuanto a la evolución reciente, la pobreza infantil alcanzó en 2024 un máximo del 70,4%, en el primer año de gestión de Javier Milei y en el marco del inicio de su programa de ajuste. Si bien posteriormente se produjo una reducción, en 2026 el indicador todavía alcanza al 42,5% de los niños y adolescentes. La indigencia, en tanto, afecta al 9,5%.
Las transferencias estatales tienen un papel central para contener las situaciones más extremas. Según la UCA, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar explicaron más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y entre el 97% y el 98% de la disminución de la indigencia entre los menores, una incidencia superior a la de otras ayudas públicas o de organizaciones sociales.
Sin esas transferencias, la indigencia infantil prácticamente se duplicaría y pasaría del 9,5% al 16,4%. El efecto sobre la pobreza también sería significativo, aunque menor: el indicador subiría del 42,5% al 47,8%.
El poder adquisitivo de las prestaciones, sin embargo, tuvo fuertes fluctuaciones. Durante el peor momento de 2024, las transferencias cubrían entre el 12% y el 28% de la Canasta Básica Alimentaria. En 2026, esa cobertura se recuperó y se ubicó entre el 39% y el 62%.
A pesar de la caída de la pobreza respecto de 2024, la UCA advierte que la situación de quienes permanecen por debajo de la línea de pobreza no mejoró de manera equivalente. La distancia promedio entre los ingresos de los hogares pobres y el valor de la Canasta Básica Total se mantuvo prácticamente sin cambios.
Es decir, quienes continúan siendo pobres no están significativamente más cerca de superar esa condición que durante los peores momentos de la crisis.
Las desigualdades también están atravesadas por la estructura familiar y el lugar de residencia. Los hogares monomarentales y determinadas regiones del país presentan mayores probabilidades de caer en la pobreza o la indigencia.
A la espera del próximo dato oficial, las estimaciones de UNICEF anticipan un posible nuevo deterioro, la pobreza entre niños y adolescentes podría alcanzar el 44,4% durante el primer semestre de 2026, mientras que la indigencia llegaría al 10,8%. La evolución de los ingresos familiares, el costo de las canastas básicas, las condiciones del mercado laboral y el alcance de las transferencias sociales serán determinantes para establecer la magnitud de ese eventual aumento.

