¿Qué libertad avanza?, o más aún ¿la de quiénes?
Al colectivo de la discapacidad las únicas cosas que lo alcanzan son la vulneración y la crueldad.
- Info general
- Por Luciano Urrutia*
- Abr 23, 2025
La paradoja es que mientras una parte de nuestra sociedad festeja la posibilidad de comprar moneda extranjera, otra parte está sufriendo la pérdida de los tratamientos, terapias y pensiones que le permiten vivir con dignidad. No es fácil entender por qué se castiga a las personas con discapacidad, cuál es la ideología que habilita y promueve estas políticas y estas prácticas: si es porque se las considera improductivas, porque se las considera un gasto, porque se considera que tienen derechos injustamente, o si, lisa y llanamente, porque no se las considera en absoluto y esa indiferencia es ya un castigo que esta sociedad ejerce. Pero, lo cierto es que se las castiga.
La crueldad ha tomado formas muy concretas: el conductor de un auto, mientras un grupo de jóvenes con discapacidad aprovecha el parate del semáforo para manifestarse, pasa y les grita con odio viva Milei carajo. Una madre de 83 años recibe una intimación del Estado Nacional para que se presente a justificar la discapacidad de su hijo que tiene 60 años. Cientos de personas hacinadas en un galpón esperando horas para ser atendidas para probar su discapacidad, teniendo un certificado expedido por una junta médica. Miles de personas sin ser notificadas de que van a auditar su derecho, sin poder siquiera defenderse de forma justa. Personas sin comida, sin remedios, sin nada. Rotos y no por su discapacidad sino porque sus semejantes le niegan la mirada, la palabra y la escucha.
Nuestro colectivo siempre ve colores donde otros ven claros y oscuros, a la quietud le ponemos ritmo, al silencio ruido, a la solemnidad un rostro, al miedo una sonrisa. Quizá es ese el motivo por el que se castiga con saña a lo diverso, porque no asume como el resto la pena, la culpa y la deuda que significa vivir este presente.
No nos vamos a callar. Nuestra memoria es de libertad, las personas con discapacidad vivieron el encierro, de ahí venimos. Supimos durante años lo que es que no tengan un derecho, ni uno. Esta es nuestras historia que nada tiene que ver con la libertad que se pregona hoy en día, este es nuestro saber, nuestra experiencia y no nos la quita nadie.
Hoy insistimos en nuestros reclamos. A los funcionarios del Estado Nacional: ¡Aprobación ya de la ley por la emergencia en Discapacidad! ¡Adecuación de Aranceles prestacionales! ¡NO a la quita de Pensiones! Al resto de la sociedad: ¡Basta de indiferencia! Necesitamos del apoyo de todos y todas. Esta libertad le pone precio a nuestra humanidad. Nuestros deseos no los regula el Mercado.

