La infraestructura como factor de poder: China insiste en su estrategia global
La Iniciativa de la Franja y la Ruta es percibida como el proyecto global insignia de la República Popular China para aumentar su influencia a nivel global. Interpretaciones tras 12 años de existencia y cambios en la arena internacional. Las bases militares frente a la infraestructura y la impotencia de Occidente de competir en los mismos términos.
- Internacionales
- Por Santiago Toffoli
- Ago 10, 2025
La Iniciativa de la Franja y la Ruta (en adelante BRI, por sus siglas en inglés -Belt and Road Initiative) es un proyecto de infraestructura global inaugurado en el año 2013 por el Presidente de la República Popular China, Xi Jinping.
En ese entonces, el mandatario chino formuló la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, dos proyectos complementarios que se sintetizan en la BRI. Originalmente y según el gobierno chino, la BRI es una “construcción conjunta que promueve la cooperación pacífica y el desarrollo mancomunado a nivel internacional, en donde todos los países se tratan en pie de igualdad”.
Valiéndose de las antiguas Rutas de la Seda, China toma el concepto para resignificar la cooperación económica internacional y reforzar su estrategia de “ascenso pacífico”, por la cual Beijing busca ganar influencia alrededor del mundo en la segunda década del Siglo, tras la aparición de algunos desafíos al propio desarrollo chino luego de años de tasas de crecimiento monumentales, importantes avances en materia de mercado interno, movilidad social ascendente y comercio global.
Como decíamos, Xi anunció en 2013 que había dos partes de este mega proyecto geoeconómico.
La Franja Económica suponía el impulso a proyectos en tres direcciones: desde el norte de China, pasando por Asia Central y Rusia hasta llegar a Europa y el Mar Báltico; desde el noroeste de China al Golfo Pérsico y el Mar Mediterráneo; y desde el suroeste de China hacia el Sur de Asia y el Océano Índico. Por su parte, la Ruta Marítima planteaba su desarrollo en dos direcciones: desde los puertos chinos a Europa a través del Mar de China Meridional, el Estrecho de Malaca y el Océano Índico; y la otra hacia el Pacífico Sur.
A partir de entonces, decenas de países fueron incorporándose a la BRI, en el marco de acuerdos y memorándums con el gobierno chino a los fines de participar en los proyectos de infraestructura. La Iniciativa tuvo, durante estos años, algunos proyectos insignia que permiten observar su importancia. La reconstrucción del antiguo Puerto del Pireo en Atenas; el ferrocarril Budapest-Belgrado que une Serbia y Hungría, o el corredor China-Pakistán que conecta varias obras hasta el puerto de Gwadar en el Mar Arábigo, son 3 ejemplos de cómo China financia y diseña infraestructura física para apoyar el comercio y motorizar miles de millones de dólares en bienes y servicios.
Hoy, más de 140 países son parte de la Iniciativa o han manifestado su interés para serlo, en un contexto donde los objetivos originales del plan se han modificado en varias oportunidades. Primero porque el radio geográfico de la BRI se ha extendido, y hoy sus brazos llegan a toda África -literalmente, toda- y a América Latina; y segundo porque hechos que han afectado el comercio global, como los conflictos en Ucrania y Medio Oriente o la pandemia del COVID-19, obligaron a los estrategas de la BRI a recalibrar sus ejes de desarrollo y explorar nuevas rutas.
Por lo tanto, este megaproyecto que originalmente unía la gran masa euroasiática hoy llega a otras zonas del mundo como nuestro continente. Es importante graficar un poco de qué se trata esto, para que no sean conceptos tirados en un papel. Supongamos que las manufacturas chinas -que explican cerca del 30% de la producción global- tienen que llegar a las millones de personas que viven en el continente africano.
Para no depender pura y exclusivamente de la logística marítima, hoy China puede comerciar a partir de rutas,, puertos, ferrocarriles y demás componentes financiados por la BRI. Una zona franca aquí, una autopista allá, una antena de Huawei en el medio. De esta manera, el comercio fluye, China firma contratos con los países donde las obras se ejecutan, y su influencia alrededor del mundo aumenta.
Hasta acá, todo muy bonito. Los países cierran acuerdos entre sí, los bienes, servicios y personas se movilizan, se generan obras, empleos y desarrollo en las zonas históricamente postergadas del mundo, como suelen decir los diplomáticos chinos. El idilio de la globalización como la pensaron los gringos en los 90’. Sin embargo, la política global es dinámica y la realidad, en numerosas ocasiones, no es tan sencilla como la teoría.
Durante el gobierno de Barack Obama, Estados Unidos implementó definitivamente su “giro hacia Asia-Pacífico”. Es la zona más dinámica del mundo en términos económicos, y los ejes del desarrollo y la producción globales se corrieron definitivamente hacia allí. No vamos a explicar por qué Washington definió ese giro en sus prioridades de política exterior, pero sí vamos a decir que la principal consecuencia de ello es que se construyó un fuerte consenso bipartidista -entre republicanos y demócratas; incluso entre trumpistas MAGA y los demócratas más progres- que China es el rival sistémico a enfrentar. Y en ese enfrentamiento, la Iniciativa de la Franja y la Ruta es un factor clave.
Occidente, y más concretamente Estados Unidos, ha acusado a China de condicionar financieramente a los países a partir de los proyectos de la BRI. La opacidad en las licitaciones de las obras, o los contratos onerosos que Beijing impone a socios más pequeños que terminan endeudándose con China, son dimensiones que EE.UU. utiliza para marcar el carácter inconveniente de formar parte del BRI. Además, subyace la idea de que las condiciones que China impone son la punta de lanza para el eventual aumento de su presencia estratégica y militar.
La BRI, según esta visión, es “el Caballo de Troya” por el cual China va inmiscuyéndose en los distintos países para marcar una presencia económica que puede devenir en presencia de otra naturaleza. Lo que hicieron los estadounidenses toda la vida, básicamente. Los señalamientos dicen mucho del que las recibe, pero también de quien las emite.
A partir de esto, Occidente ha intentado generar proyectos que le compitan a la BRI. En 2021, cuando el comercio global ya había recibido el golpazo de la pandemia y la BRI estaba consolidada en varias regiones del planeta, el Grupo de los 7 (G7) anunció el lanzamiento del Build Back Better World (B3W), un esquema similar a la BRI pero con el foco puesto en la “buena gobernanza basada en valores y en la transparencia”. Traducido: vamos a financiar proyectos con los países responsables, democráticos y que tienen un buen vínculo con nosotros, a diferencia de los chinos que financian cualquier cosa en cualquier lado y no se meten en cómo gobiernan, cada cuánto votan o qué tipo de gente es la que manda.
El B3W se desinfló rápidamente, al igual que el Global Gateway, la versión europea de los megaproyectos de infraestructura, los cuales no tuvieron cómo competir con la BRI en materia de rapidez para la ejecución de las obras, de acuerdos políticos y de financiamiento.
Para colmo de males, la propia reconversión de la política exterior estadounidense tras la llegada de Trump al poder, no dejó lugar para la continuidad de estos proyectos. El presidente estadounidense está cambiando patrones de comercio y de vínculos globales no sólo en relación a lo hecho por Biden, sino también a estrategias que el propio Trump había impulsado en su primer mandato, como la Ley BUILD que patrocinaba la Cooperación de Inversiones Privadas en el Extranjero, algo contradictorio al actual recorte de agencias federales externas y al festival de aranceles que atestiguamos desde hace 4 meses y medio.
Lo que podemos decir de los últimos años, y teniendo en consideración como Washington se mueve actualmente, es que Occidente abandonó la idea de competir con China en los términos de los megaproyectos como la BRI. Hoy, Estados Unidos tiene un enfoque ideológico -por caso, los aranceles a Brasil- y de seguridad -sus presiones para aumentar el gasto militar de la OTAN- que deja muy desdibujada la estrategia de ‘la zanahoria’. La billetera está guardada y la plata está destinada a armamento y a aranceles. De esta manera, asistimos a un modo de vincularse que dista mucho del que pregona China.
El mundo de hoy está marcado por la incertidumbre y la consecución de conflictos y nuevos desafíos comunes a toda la humanidad, que aún no sabemos a dónde puede llevarnos. Estados Unidos ha optado por el camino de detonar los acuerdos multilaterales y privilegiar el enfoque transaccional en sus vínculos internacionales. Sus proyectos “basados en valores” ya no tienen cabida bajo el liderazgo de Trump que negocia uno a uno y que busca sacar ventaja de sus socios, y no contenerlos con inversión y comercio, como insiste China. Esta tendencia que parece paradójica, donde los comunistas defienden la globalización y los capitalistas la sabotean, se observa desde hace algunos años y no hace más que profundizarse.
Hoy, la Iniciativa de la Franja y la Ruta extiende sus tentáculos por numerosas latitudes en el planeta. Claramente es parte de un fortalecimiento de China como actor global, pero la actual coyuntura de volatilidad comercial y económica y recrudecimiento de las tensiones políticas empuja a los países a sopesar, mucho más que antes, qué proyectos y qué acuerdos cerrar. Un ejemplo de esto es Panamá, que luego de la victoria de Trump y la visita del Secretario de Defensa Peter Hegseth, salió de la BRI y los puertos del Canal de Panamá que estaban operados por empresas chinas pasaron a manos estadounidenses.
América Latina no escapa a la tendencia global de la billetera china y la presión estadounidense, exacerbada esta última por la cercanía geográfica y la consecución de esferas de influencia.
La BRI le enseñó al mundo como se puede ganar presencia e influencia a partir de la inversión en infraestructura, la cual complementa al comercio y suplanta -aunque no siempre- al enfoque securitario. Y si bien tuvo sus vaivenes, China insiste con profundizar la estrategia de cara al segundo cuarto del Siglo XXI, el cual se anuncia bastante más problemático que el que está finalizando.








