MIéRCOLES, 21 DE OCT.

Peter Lamelas y el test de soberanía hemisférica y subnacional

La carta de presentación del enviado de Donald Trump para representar a su país ante la República Argentina da cuenta del nuevo patrón de comportamiento hemisférico. Los obstáculos con los gobernadores y el ejemplo de Brasil.

 

Peter Lamelas llegó a Argentina como candidato del gobierno de Estados Unidos para ocupar el rol de Embajador. Ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, pronunció un discurso alejado de las costumbres diplomáticas fundamentales pero bien a tono con el contexto actual de un orden basado en reglas básicas hecho trizas, lo que marca la naturaleza de las relaciones entre los países. Míster Lamelas habló de la necesidad de instar a los gobernadores a erradicar los negocios que las provincias hacen con China. Dijo querer “asegurarse” de que la ex Presidenta Cristina Kirchner “reciba la Justicia que merece”. Obviamente, en línea con aquellos dichos de la uno del Fondo Monetario Internacional, abogó por un triunfo electoral de la fuerza política del Presidente Javier Milei en las elecciones legislativas de octubre. Una oda a la injerencia en los asuntos internos argentinos por parte de alguien que -aún- ni siquiera es representante de un gobierno extranjero.

Los dichos de Lamelas se explican por el contexto que mencionamos anteriormente, que parece dejar lugar a cualquier comportamiento en materia diplomática, sin siquiera reparar en los usos y costumbres básicas, pero también para tantear el terreno. Algunos vincularon las palabras del señor de bigote a su nula experiencia política, ya ni siquiera diplomática. El acercamiento de Lamelas a la política corre a través de su billetera. Es un empresario del sector médico que tuvo 3 virtudes: meter plata en la campaña electoral de Trump, ser su amigote en las partidas de golf en la mansión de Mar-a-Lago, y disfrutar de una relación privilegiada con Marco Rubio, Secretario de Estado, con quien comparte su pertenencia al lobby cubano-norteamericano del Estado de Florida. Los embajadores pueden nombrarse como tales por su carrera diplomática o por su experiencia política. Lamelas no tiene ninguna, pero es un hombre cercano a los que hoy tienen la palanca en Washington. Hablábamos de tantear el terreno. Una práctica habitual de la política exterior trumpista es deslizar hipótesis de máxima para evaluar las reacciones e identificar los espacios de acción posibles. Con la política arancelaria fue así, con los conflictos de Ucrania y Medio Oriente también. Aquí, Lamelas vomitó una serie de expresiones injerencistas sobre los asuntos internos de Argentina para ‘medirle el aceite’ a la opinión pública y a la dirigencia política de nuestro país. En ese estadío nos encontramos ahora.

Sobre CFK, AMIA y la “vigilancia” sobre el “movimiento” no hace falta mucha aclaración. La animadversión de la política norteamericana frente al peronismo, única fuerza política capaz de diseñar y de llevar a cabo un proyecto de país soberano y autónomo, es de vieja data. La cuestión de los gobernadores y la necesidad de “erradicar la corrupción” que, supuestamente, trae aparejada la relación económica con China, es un poco más complicada. Pablo Ibañez en Cenital publicó un interesante mapa de la Bolsa de Comercio de Rosario sobre los principales socios comerciales de cada provincia argentina. China es el principal socio de 8 provincias, el segundo de Santa Fe y Buenos Aires, y el “main investor” de muchos proyectos fundamentales en la Patagonia y las provincias andinas. Ahí, Milei y Estados Unidos tienen un problema.

Washington quiere sacar a China de América Latina pero el problema con esto no es ni los gobernadores, ni el peronismo, ni la izquierda, ni los amantes de la filosofía oriental. El nudo de la cuestión radica en que Estados Unidos continúa ejerciendo su rol de gendarme, con condicionantes e injerencias, mientras que China solo muestra la billetera y no demanda -al menos explícita y públicamente- comportamientos específicos en materia política. Esto sucede aquí y en muchas otras partes del mundo, fundamentalmente del Sur Global. De cualquier manera, parece claro que la estrategia estadounidense seguirá siendo la de condicionar, y no tanto la de persuadir.

Vinculado a esto último, hay que mencionar que la injerencia de Trump en las cuestiones internas de los países no ha beneficiado a sus socios. En Canadá, los dichos sobre una posible anexión hicieron que el Partido Liberal, que estaba 20 puntos abajo en las encuestas, gane las elecciones y mantenga el gobierno. Algo similar pasa en México, donde Sheinbaum acumula poder político volanteando la relación con su vecino del norte, apelando a la soberanía mexicana. El último capítulo de esto fue en Brasil, donde Lula da Silva ahora coquetea con la idea de presentarse a la reelección el año que viene después de un subidón en las encuestas, proporcionado por el mismo Trump al anunciar 50% de aranceles generales. No hay motivo comercial aquí: las tarifas se explican por la causa judicial contra su amigo Jair Bolsonaro, acusado por el intento de golpe de Estado en 2023, además de la prohibición de la visa para el magistrado Alexandre de Moraes, quien lleva adelante la causa contra el ex Presidente brasileño.

El tema Brasil es muestra de otra cuestión, además de repetir el patrón de Trump como collar de sandías para sus asociados políticos en otros países. La propia designación de Marco Rubio como Secretario de Estado, el accionar estadounidense en Panamá, los dichos de Steve Bannon, ideólogo MAGA, sobre la “vuelta a la esfera de influencia hemisférica” en América, hacen pensar que la Doctrina Monroe ha vuelto con toda su fuerza y que, si Estados Unidos piensa abandonar las reglas del juego internacional, esta situación se maximiza en lo que consideran su patio trasero. Lo de Brasil es importante porque es el segundo país más grande e importante del continente, el más significativo de América Latina, y porque siempre gozó de un buen vínculo con Estados Unidos a nivel bilateral, incluso desde el Siglo XIX. En aquel entonces, mientras Argentina miraba a Europa y al Reino Unido, Brasil construía una sólida relación con Washington. Esto explica que Trump vino a imponer su agenda en América Latina y Argentina, obviamente, no será la excepción.

 

Los dichos de Peter Lamelas constituyen un asalto a la soberanía argentina y una declaración de intenciones del gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, el principal problema de esto es el propio gobierno de nuestro país, alineado acrítica y totalmente a los intereses norteamericanos, como se ha dicho en varias ocasiones en este espacio. Milei no cuenta con otra estrategia en política exterior que no sea el pliegue a los designios de Washington. En estos momentos, que debe negociar con los jefes provinciales para blindar los vetos presidenciales como a la ley de actualización jubilatoria, al tiempo que tiene que cumplir con Estados Unidos y sus pretensiones de exigir realineamientos a los propios gobernadores, puede estar incubando una potencial fuente de complicaciones. Más allá de que sectores políticos argentinos instan al gobierno a que rechace a Lamelas como Embajador, aqui nos arriesgamos a adivinar que no va a suceder.

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