Una familia aterrada y una casa destrozada fue el triste resultado que tuvo uno de los allanamientos de los 40 que se llevaron a cabo este jueves en el marco de las investigaciones por los amedrentamientos al Poder Judicial en Rosario.

Los procedimientos a cargo de la Policía Federal fueron numerosos y con un resultado positivo de 19 detenidos. Pero un error fue suficiente para que una familia rosarina decida dejar la casa y el barrio donde viven desde el 2007.

Eran las 5 de la mañana cuando Mariana, la madre de una joven de 20 años y dos nenas de 6 y 2 años comenzaron a sentir tiros y gritos en la puerta de su casa de barrio Alvear.

“Me llamó mi esposa desesperada que en la puerta había uniformados tratando de abrir la puerta. Cuando llegué me encontré con todo un operativo dentro de mi casa, todas las puertas destrozadas, mi casa dada vuelta y oficiales con armas largas haciendo guardia en la puerta de la habitación de mis hijas”, así le relató a Conclusión Javier, que en ese momento estaba trabajando.

Sin salir de su asombro y de la impotencia que le dio ver a sus hijas aterradas, Javier explicó: “Nunca le íbamos a negar la entrada a la policía” y remarcó que “pareciera que por vivir en este barrio fuésemos todos delincuentes”.

La orden de allanamiento era para un comercio de Crespo 3899, pero un error -difícil de explicar- los uniformados irrumpieron en una casa de familia en Crespo 3877 y rompieron todo lo que encontraban a su paso.

“Estuvieron ocho horas dentro de mi casa, mi comedor se transformó en una sala de operaciones”, contó Javier y señaló que, “algunos de ellos nos pedían disculpas” aunque “el error ya estaba hecho”.

“Durante varias horas nos trataron como si fuésemos delincuentes, pero nosotros somos gente honesta, que queremos salir adelante con mucho esfuerzo. Ahora, además de todo el susto, tengo que juntar un montón de plata para poder arreglar todo esto porque por ahora nadie se hace cargo de nada”, manifestó el vecino damnificado.

En tal sentido, Javier decidió presentar este viernes la mañana una denuncia frente a fiscalía.

“El mal momento no nos lo quita nadie, pero por lo menos queremos que alguien responda”, subrayó.

“Esta casa la levanté con trabajo, vivo en un barrio que me encanta pero estamos totalmente olvidados, nos tratan como ciudadanos de segunda. Esto colmó todo y con todo el dolor del alma, voy a tener que irme. Ni yo, ni mi familia queremos vivir más acá después de lo que pasamos”, concluyó.