Por Guido Brunet

Fotos y video: Darío Soldani

Al tocarse el agua con la tierra y formar el barro cambia la vida de muchas personas. Es que lo natural en este barrio se convierte en un obstáculo para sus habitantes, quienes cuando llueve no pueden ir a la escuela ni al trabajo, a los chicos hasta se les dificulta ir al merendero de la zona.

En el barrio Los Pumitas, en la zona noroeste de Rosario (Génova al 5400), las necesidades son las cuestiones que deberían ser básicas, como cloacas, pavimento, agua e iluminación.

“En verano no hay agua. Las cosas básicas que hay en otras zonas como ir al baño y poder tirar la cadena, eso acá no pasa”, cuentan los vecinos, muchos de ellos pertenecientes a la comunidad qom, a Conclusión. Lejos de allí, en el Concejo Municipal, hay un proyecto aprobado para pavimentación, pero no se ha avanzado en ese sentido hasta el momento.

La seguridad también es una de las principales necesidades del barrio. “Hay chicos que están a la expectativa para robar, antes se agarraban a tiros. Tu hijo puede perder la vida por un disparo. Y la policía nunca está. Viene cuando ya se termina todo”, comenta María Rosa, vecina de la zona.

“Tenemos la plaza, pero no tenemos luz, es lo mismo que la nada. Y cuando llueve la cancha de fútbol se llena de agua y barro y los chicos no pueden estar”, dice María Rosa.

En este contexto, pegado al potrero se abrió un merendero impulsado por las vecinas y por la organización La Poderosa, que trabaja en la zona. Al comedor acuden entre 70 y 80 chicos por día en los dos turnos diarios de las 16.30 y 17.30.

Mientras las mujeres amasan los más de cuatro kilos de masa para preparar las tortas fritas cuentan que “los chicos pasan y nos piden si tenemos pan, la necesidad se ve en el barrio”. También hacen bizcochuelos, roscas, buñuelos y galletitas. Los martes se sirve mate cocido, mientras que los jueves se toma chocolatada.

Al lugar acuden niños de un año en adelante, con sus hermanos, también niños, que los tienen que cuidar. “Entonces la idea es que puedan dejarlos”, cuenta Yamila. Por la mañana, los más chiquitos juegan y dibujan y cerca del mediodía se les da una fruta “para que tengan algo más en el estómago”.

Ven que hay gente y se acercan

En la entrada del merendero, María Rosa comenta: “Cuando ven que hay gente vienen, porque buscan un lugar de contención. Ven que llegan las chicas, se abre la casa y tenemos como 50 chicos”.

“Ellos vienen y buscan cariño, hay muchos que algunos dicen que son terribles, pero no es que son terribles, y vienen por el cariño que nosotras les sabemos brindar”, completa una de las encargadas del comedor.

Hace dos meses que el merendero abrió, pero días atrás se mudaron a una nueva casa con mayores comodidades. “El otro lugar era bastante precario, el piso era de tierra. No teníamos casi nada, sentíamos mucho el frío y cuando llovía nos caía el agua. Nos cambió la vida”, relata María Rosa.

Además, próximamente comenzará a funcionar un espacio para enseñar a leer y escribir a niños en edad de jardín. La idea es que “los chicos tengan su lugar para que vengan a aprender y compartir, y para que no estén con los grandes que los pueden golpear”, comenta Yamila, quien planteó la necesidad de este ámbito.

Por otra parte, La Poderosa desarrolla la cuestión educativa y cultural, ya que en el lugar se dictan cursos del plan provincial Nueva Oportunidad de formación en oficios, al que acuden jóvenes en su mayoría de entre 18 y 24 años. También se brindan talleres de apoyo escolar y comunicación popular.

“No solamente apuntamos a los chicos que van a la escuela, sino también a los pibes que no están escolarizados y preguntarnos por qué no va al colegio, qué hace falta”, manifiesta una de las integrantes del grupo, que tiene como premisa no hacer público sus nombres.

Toda actividad que se impulsa, toda decisión que se toma es discutida en asamblea con las personas del barrio, y son los mismos vecinos los que llevan las propuestas.

La organización sin nombre

Hace un año y medio que unas 25 personas de La Poderosa trabajan en el barrio para “luchar por todos los derechos que no les están siendo cumplidos a los vecinos”. La organización nació en 2004 en la localidad de Zabaleta, Buenos Aires, y en 2011 lanzó la revista La Garganta Poderosa.

El grupo tiene como uno de sus principios fundamentales no revelar públicamente los nombres de sus miembros para hacer prevalecer la construcción colectiva a la individual. Por eso, sus integrantes prefieren ser reconocidos solamente como una parte más de un grupo que intenta empoderar a los sectores más relegados.

En los barrios hay pibes con ganas de salir adelante, aprender y hacer cosas. Por eso se decidió hacer la garganta para decir lo que pasa en nuestros barrios”, comenta una de las integrantes.

Sobre las necesidades del lugar, desde La Poderosa insisten en la cuestión del asfalto: “Los autos no pueden circular por la calle de tierra y pasan por la cancha de fútbol y la rompen toda. La idea es mover el piso, en sentido figurado y literal”.

La organización recibe aportes del municipio por cinco mil pesos, lo que no basta para cubrir los gastos del lugar. “El subsidio que nos dan no alcanza para nada”, resume la integrante.

Por eso, el grupo realiza venta de comida casera y de revistas. También se reciben donaciones, por lo que las personas se pueden comunicar al correo electrónico [email protected]