La fábrica de zapatillas Kioshi redujo su personal de 120 a 15 trabajadores: “La situación del calzado es casi terminal”
“Hoy la falta de consumo es total. En Argentina, por año, se vendían casi cuatro pares per cápita, pero hoy la cifra bajó a dos, estamos en los niveles de Perú y Bolivia”, comentó el empresario Emmanuel Fernández.
- Gremiales
- May 29, 2026
La industria textil y del calzado atraviesa una situación critica: en marzo las fábricas del sector apenas utilizaron el 40% de las máquinas y equipos instalados, mientras que mayo fue un mes marcado por el cierre de locales. En 2024 el rubro sintió el impacto de la apertura de importaciones, mientras que en los últimos meses el principal problema fue la caída del consumo. Este combo explosivo obligó a que las plantas que aún se mantienen en pie deban efectuar un recorte de personal y de gastos.
La fábrica de zapatillas Kioshi –ubicada en el partido bonaerense de Esteban Echeverría– no es ajena a esta situación. El dueño de la firma, Emmanuel Fernández, participó días atrás del programa “Serrucho Económico”, que se emite por el canal de streaming “Ahora Play”, y comentó que en los últimos tres años pasaron de tener 120 trabajadores a emplear a quince personas, al tiempo que reconoció que el principal problema que golpea al sector es la caída de consumo.
El empresario destacó que en Kioshi importaron “cosas muy puntuales” para fabricar calzado, aunque reconoció que “hoy en día cuesta muchísimo” mantener la actividad: “En nuestra mejor época, entre 2022 y 2023, elaboramos casi 40.000 pares mensuales, mientras que hoy apenas llegamos a los 10.000. Según los datos de la Cámara de Calzado, en Argentina siempre se produjeron cerca de 120 millones de pares anuales, entre calzado deportivo y formal. El 2025 terminó con 80 millones de pares y este año, en el período enero-marzo, estamos un 25% abajo en producción con respecto a 2024”.
Sobre las causas de esta crisis, Fernández enumeró: “Se mezclaron varias cosas. En 2024 las importaciones crecieron casi un 40% con respecto al año anterior, casi 51 millones de pares vinieron de afuera. También está ingresando mucho producto falsificado de las fronteras. Si embargo, hoy la falta de consumo es total. En el país, por año, se vendían casi cuatro pares per cápita, pero hoy la cifra bajó a dos, estamos en los niveles de Perú y Bolivia”.
Y completó: “En Kioshi llegamos a tener casi 120 personas y hoy somos quince. La situación del calzado es casi terminal, todos los meses decimos que más abajo no podemos estar, pero se sigue profundizando la caída. La falta de consumo es total. Lamentablemente en el último mes toda la información que nos llegó fue sobre locales comerciales que cerraron o que no iban a renovar el alquiler porque no lo podían soportar, esto va a afectar aún más la demanda”.
“Nuestra fábrica es un cementerio de maquinaria”
La fábrica de zapatillas empezó a trabajar en 2016: si bien sus primeros tres años de vida fueron algo difíciles por la inestabilidad económica que había en el país, había un nivel de consumo que permitía la continuidad. Los primeros meses de pandemia fueron difíciles, pero una vez que se flexibilizaron las restricciones la venta online permitió que la planta inicie un período de crecimiento que se extendió hasta 2023, momento en el que la firma llegó a contar con unos 120 operarios. No obstante, en los últimos dos años la situación cambió radicalmente y, ahora, cada mes es peor que el anterior.
“Nuestra fábrica es un cementerio de maquinaria. La mayoría de los equipos están apagados o se prenden una vez por semana para hacer un trabajo puntual. Nosotros hacemos todo, la suela, la parte de arriba, el corte, tenemos todo integrado. Hoy estamos siendo totalmente ineficientes, pero apostamos a que en algún momento la tendencia cambie. El Gobierno debe prestar atención a las pymes, porque generan mucho trabajo. Ese es otro tema, porque hoy la gente no está teniendo empleo formal, hace Uber o presta servicio para aplicaciones”, alertó Fernández.
Como respuesta a los dichos de algunos funcionarios nacionales, que deslizaron que los comercios cierran porque hubo un estallido de las compras virtuales, el empresario comentó que entre un 10% y un 15% de las ventas del sector son por canales online. Además, observó: “Me llama la atención que la gente compra en 12 cuotas y cancela para financiarse la tarjeta. Así, la plataforma les devuelve el dinero completo. Los consumidores buscan distintas alternativas para financiarse y llegar a fin de mes”.
“Estamos haciendo todos los cambios necesarios para aguantar hasta que la cosa empiece a mejorar, pero es muy complicado. Se vende poco y se cobra peor, están viniendo cheques rechazados de clientes que no son estafadores, sino que no llegan a cubrirlos. Los trabajadores están endeudados con aplicaciones, a veces piden adelanto para poder cargar la tarjeta Sube para viajar. Las pymes también estamos muy complicadas para pedir créditos porque estamos a tope con los bancos”, completó.
Por otro lado, comentó que la única ayuda que recibe su pyme proviene del intendente del partido de Esteban Echeverría, Fernando Gray, quien impulsó ferias de productores locales para promover las ventas y lanzó un plan de reducción de tasas. Sin embargo, reconoció que lo único que le sirve al sector son las ventas, algo que actualmente no encuentran en el mercado interno.
“Aparecen calzados chinos a precios muy económicos y es difícil competir”
Fernández apuntó que la caída de consumo también afecta a los productos fabricados en el exterior: “En el último mes bajó un poco la importación del calzado porque hay sobrestock y no se está vendiendo. En Argentina hacemos un buen producto, no nos comparamos con Asia, porque ellos tienen otra escala de producción, pero nosotros tratamos de tener precios competitivos”.
Las zapatillas de Kioshi se encuentran en el mercado con precios que oscilan los $35.000 y los $50.000: “No es un calzado caro a pesar de que tenemos un costo energético y financiero enorme. Para la producción nacional todo aumentó, mientras que a la importada le bajaron los aranceles, entonces la lucha es desigual. Pero más allá del origen de los productos, hoy no hay consumo, ni de bajo ni de alto precio”.
Sobre este último punto, detalló que no hay aranceles para traer diferentes partes del exterior y ensamblarlas en el país; mientras que los tributos para importar productos terminados están al 35%. “En China, por la guerra comercial con Estados Unidos, hay exceso de mercadería, entonces aparecen calzados por abajo del valor normal, a precios muy económicos, y es muy difícil competir”, reseñó el empresario.
Y cerró: “Hay un discurso de que el textil y el calzado son ineficientes en Argentina, pero frente a Asia cualquier rubro industrial es improductivo. El tema está en el desarrollo que queremos para el país. Brasil estuvo casi 40 años protegiendo la producción del calzado hasta que pudo hacer una industria muy desarrollada y salir al mundo, hoy compite con Asia, tienen fábricas enormes y exportan a Latinoamérica y Estados Unidos. A nivel nacional, tenemos plantas que tienen la misma tecnología que China, pero no la misma escala de producción. Hay un aluvión de importaciones que hace que no podamos competir en el corto plazo, pero con un desarrollo a largo plazo se puede lograr tranquilamente”.


