Se cumplen hoy 15 años de un momento que paralizó al mundo entero: el atentado que terminó con la caída de las Torres Gemelas, en pleno Nueva York. El hecho tuvo grandes repercusiones tanto a nivel político como económico y social. Pero más allá de las consecuencias macro políticas, fueron casi 3.000 las personas que perdieron su vida a partir del episodio.

A las 8.45 de la mañana (hora de Nueva York) del 11 de septiembre de 2001, un Boeing 767 de American Airlines se estrelló con la torre Norte del World Trade Center. Al principio fue sorpresa, incredulidad. Un accidente dijeron todos.

Pero esta sensación se disipó cuando minutos después otro avión impactó contra la torre Sur. Los dos aviones debían cumplir el mismo plan de vuelo (Boston–Los Ángeles), pero fueron desviados para dar de lleno con quizás el punto más representativo del mundo occidental. El saldo: casi 3 mil vidas que se perdieron.

Luego de varias horas, llegaban las primeras informaciones sobre el origen del atentado: un grupo de terroristas de Al Qaeda había raptado el avión con cuchillos y obligado a los pilotos a dirigirse hacia las torres destruyéndolas por completo.

Entre pasajeros y tripulantes de los aviones perdieron la vida un total de 157 almas. Las víctimas totales de la destrucción de las Torres Gemelas cuentan 2.823 muertos y 6.000 heridos.

El hecho se ubica entre una de las mayores tragedias de nuestro tiempo y la primera del siglo XXI. Allí murieron en total 850 hombres entre bomberos y cuerpos de rescate.

Un informe del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos concluyó que las aeronaves que chocaron contra las torres dañaron las columnas de soporte de los edificios, lo que causó que estos se derrumbaran.

Sin embargo, la teoría del atentado no es la única. También se tejen diversas versiones, entre ellas se puede citar el autoatentado, que esgrime que el Gobierno de los Estados Unidos planificó los ataques con el objetivo de justificar su intervención militar en zonas petrolíferas como Irak y Afganistán para apropiarse del crudo. Este pensamiento se apoya en la relación comercial que, según algunos informes, existía entre Bush y Bin Laden.

El objetivo declarado de la invasión era encontrar a Osama bin Laden y otros dirigentes de Al Qaeda. La Doctrina Bush de Estados Unidos declaró que no se distinguiría entre organizaciones terroristas y naciones o gobiernos que les dan refugio.

Cabe señalar que a pesar de la muerte de Bin Laden el 2 de mayo de 2011 a manos de las tropas estadounidenses, aún continúa la ocupación estadounidense en aquel territorio.

Otra de las teorías es la demolición controlada. Del análisis se desprende que el principal hecho para probar este argumento es el rápido colapso de los edificios (unos 10 segundos), los incendios de corta duración, de entre 56 y 102 minutos y los sonidos de explosiones que se registraron antes de los colapsos.

Conclusión dialogó con Carlos Solero, docente de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario, quien analizó el hecho.

El docente se refirió acerca de las diferentes teorías. “Es muy complejo. Hay muchos pensamientos con respecto al hecho en sí. En primer lugar, hay que señalar que el 11 de septiembre es una fecha particular para todos los latinoamericanos. Porque fue el mismo día del golpe en Chile en 1973, que comenzó con el proceso de desaparición de personas en nuestra región, y marca un punto de inflexión en la aplicación de las políticas neoliberales en esta parte del continente».

En cuanto a las consecuencias que tuvo el episodio, Solero destaca que “a partir de allí, Estados Unidos tuvo las manos libres para expediciones militares en Oriente Medio. Se generó la figura del Eje del Mal, un concepto ambiguo, que es difícil de demostrar su existencia».

A su vez, el intelectual puntualiza: “Se sucedieron campañas punitivas de bombardeos, donde los que eran atacados es porque para Estados Unidos habían sido cómplices en el atentado”.

Luego del hecho, la construcción sobre el concepto de terrorismo cobró otro significado y se reforzaron las medidas de seguridad alrededor del mundo. Aún hoy la problemática sigue poniendo en vilo a diferentes continentes. Sobre esto, Solero expresa que “estos grupos fundamentalistas no representan al islam, porque tiene muchos matices”.

“Chomsky habla de guerreros y mercenarios. Hay un pensamiento que parte de la lógica de que si atacan a nuestros enemigos son guerreros, o sea, son los buenos. Pero si luchan con nuestros amigos son los malos, son mercenarios”, explica Solero.

Pero al margen de todo esto, el catedrático resalta que “más allá de todo, lo grave es que atrás de estos hechos está la muerte de cientos de miles de personas”.