DOMINGO, 19 DE JUL.

¿Quiénes son los superricos que aumentaron 16% su riqueza en 2025 y cómo digitan la democracia?

Mientras los individuos más ricos acumulan billones de dólares y consolidan un sistema oligárquico, miles de millones de personas se enfrentan a graves dificultades, como la pobreza, el hambre y la mortalidad por enfermedades evitables, debido a que el sistema juega en su contra.

 

Un reciente informe de Oxfam Internacional advirtió que el patrimonio de los superricos aumentó 16% en 2025 y trepó a niveles récord mientras las condiciones de vida de gran parte de la población se vieron aun más deterioradas. El documento desglosa un entramado de relaciones de poder que amenaza las democracias y configura una nueva oligarquía global que juega en varios sectores a la vez. Los niveles de influencia ya no solo condicionan, sino que digitan la política pública general y gestionan las narraciones de este escenario de desigualdad en el que la riqueza acumulada jamás es presentada como problema.

La organización señala que los miembros de esta élite tienen capacidad de erosión democrática directa, a través del debilitamiento del sistema de equilibrio de poderes -ya que mueven piezas en el mundo legislativo y judicial-; la restricción de las libertades civiles; la manipulación de elecciones y la normalización de prácticas autoritarias.

Mientras los individuos más ricos acumulan billones de dólares y consolidan un sistema oligárquico, miles de millones de personas se enfrentan a graves dificultades, como la pobreza, el hambre y la mortalidad por enfermedades evitables, debido a que el sistema juega en su contra. A pesar de que la ciudadanía, los sindicatos y los movimientos sociales hacen retroceder varios de los recortes del gasto público, satisfacer las necesidades básicas resulta cada vez más inalcanzable para la mayoría de la gente corriente.

Es un esquema en el que los ricos propietarios y accionistas de las grandes empresas obtienen enormes beneficios, pero las personas trabajadoras se ven entrampadas por los bajos salarios y la inflación. En las últimas décadas, los sueldos se estancaron y, al mismo tiempo, se incrementó el precio de los alimentos, la energía, la vivienda y otras necesidades básicas, lo cual ha hecho que la mayoría de la gente de a pie viva en permanente estado de crisis, sin poder llegar a fin de mes e incluso con grandes dificultades para alcanzar la mitad del mismo.

Niños mimados

El informe de Oxfam señala que el hombre más rico de Argentina, Marcos Galperín, es un acérrimo defensor del presidente Javier Milei a través de sus redes sociales, pero al mismo tiempo, en un escenario de grandes recortes presupuestarios en el país, su empresa Mercado Libre (la mayor firma de comercio en línea de América Latina) ha sido la principal beneficiaria de las exenciones fiscales nacionales, por valor de 247 millones de dólares en los últimos tres años.

«En Argentina, el presidente Javier Milei, con el respaldo del milmillonario argentino Eduardo Eurnekián, ha tratado de modificar 366 leyes para desregular las condiciones laborales y salariales, suprimir las protecciones sindicales y privatizar empresas públicas. Quienes se manifiestan en el país se enfrentan a un contexto cada vez más hostil, ya que el Gobierno de Milei también ha publicado un decreto que limita la libertad y el derecho a la manifestación», destacó el documento.

Durante décadas, las élites utilizaron de manera sistemática su influencia política y económica para tratar de bloquear las reformas fiscales progresistas y sacar provecho de la privatización. Por ejemplo, Bernard Arnault, el hombre que acumula la mayor riqueza de Francia y propietario del emporio de productos de lujo LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), así como de los medios de comunicación Les Echos y Le Pearisien, se pronunció recientemente y de manera enérgica contra una propuesta legislativa apuntada a aplicar un impuesto sobre la riqueza en el país francés, que había ganado impulso social y que lo afectaría directamente.

Este rechazo a impulsar reformas fiscales progresivas contó, en gran medida, con el apoyo de responsables políticos muy cercanos a determinadas grandes empresas. Las denominadas ‘puertas giratorias’, el mecanismo por el cual las élites políticas y económicas van pasando de cargos públicos a puestos en empresas privadas, confunden aún más estos límites y dificultan la afectación de intereses. ¿Quién tomaría medidas que puedan afectar directamente a su bolsillo? Ni siquiera aquellos que lo tienen estallado.

En contraste, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aunque al menos 95 países subieron el salario mínimo en 2022, solo uno de cada cuatro de esos países ejecutó un aumento que compensaba el incremento del costo de vida. Mucho para pocos; poco para muchos.

La Confederación Sindical Internacional (CSI) elaboró hace poco un «Manual de un golpe de Estado multimillonario», en el que destacan 13 estrategias utilizadas por los superricos para consolidar su poder. Entre ellas se encuentran la financiación de movimientos de extrema derecha para dividir a la clase trabajadora, los recortes del gasto social mientras se aumentan las subvenciones a empresas, el control de los sectores empresariales, la industria y los medios de comunicación, y el uso de los datos para manipular la opinión pública.

La CSI indica que los milmillonarios fomentan la división atacando a las minorías, fingiendo una retórica anti elitista, generando caos y ruido para la silenciar la oposición, y reprimiendo a sindicatos y activistas. Justifican estas medidas disfrazándolas de seguridad, crisis o crecimiento económico, aunque en realidad están erosionando las libertades y ampliando la riqueza e influencia de los superricos.

La arena digital y la falacia de la libertad

En 2022, Elon Musk compró Twitter (rebautizado más tarde como X) por 44.000 millones de dólares y prometió reducir las barreras de control y censura de los discursos de odio, con el pretexto de respetar la ‘libertad de expresión’. Inmediatamente después de esta adquisición, los discursos de odio se dispararon, con un aumento del 500% de los insultos racistas y un repunte del uso de términos misóginos, transfóbicos y de incitación al odio.

El valor de la plataforma se desplomó en el momento en el que Musk tomó las riendas, pero se recuperó después de la investidura de Donald Trump en 2025, gracias a la alianza que en aquel momento existía entre ambos.

Mientras todo esto sucedía, las fuerzas de seguridad de Kenia se servían de X y otras plataformas digitales para rastrear y castigar a personas opositoras al Gobierno. En diciembre de 2024 se secuestró y torturó a manifestantes por haber publicado en X imágenes críticas a la gestión.

En junio del año pasado, las calles de Kenia volvieron a llenarse de manifestantes tras la muerte de Albert Omondi Ojwang bajo custodia policial por haber criticado al subinspector general de Policía en X. Mientras la ex Twitter sigue llenando los bolsillos de Musk y permitiendo una avalancha de discursos de odio en línea, el espacio digital de keniata se ha convertido en un nuevo campo de batalla para quienes se manifiestan.

 

Los medios tradicionales también en manos de la élite

En este escenario, no es casualidad que las narrativas de los medios de comunicación suelan desatender los intereses de las personas en situación de pobreza, las mujeres y los grupos racializados, privándolos de información vital y contribuyendo a la aceptación -o incluso el apoyo- de políticas contrarias a sus intereses y que, además, favorecen la desigualdad política.

Estas personas carecen del poder necesario para dar voz a sus preocupaciones a través de los medios de comunicación que están en manos de las élites. Por ejemplo, Reuters señala que las mujeres y las personas racializadas tan solo representan el 27% y el 23%, respectivamente, de los principales editores de todo el mundo.

Frenar el proceso de acumulación

La concentración de riqueza extrema y la consiguiente concentración de poder suponen siempre un peligro para la democracia; no obstante, la riqueza económica no debería traducirse de forma automática en poder político.

Además de reducir la extrema concentración de la riqueza, los Gobiernos pueden adoptar medidas concretas para levantar un cortafuegos entre la concentración de riqueza y la política. Para ello desde Oxfan sostienen que se deberían adoptar las siguientes medidas:

-Gravar de forma efectiva a los superrricos para reducir su poder económico y, con ello, su influencia política; por ejemplo, mediante la aplicación de impuestos de base amplia sobre la renta y la riqueza con tipos impositivos lo suficientemente elevados para reducir los niveles excesivos de desigualdad.

-Regular las prácticas de lobby y las puertas giratorias entre cargos públicos e intereses privados.

-Promover la independencia y evitar la concentración de la propiedad de los medios de comunicación.

-Reforzar la transparencia y la rendición de cuentas y establecer límites claros a la financiación de las campañas y de los partidos políticos por parte de las personas ricas.

-Mejorar el sistema de equilibrio de poderes para reforzar el control de las administraciones.

El informe completo de Oxfam:

Oxfam – Informe – Relevamiento sobre el crecimiento patrimonial de las élites by Conclusión TV

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