SáBADO, 18 DE JUL.

La soberanía de la opacidad: ¿Milei y Caputo manejan el país como una cueva financiera con aval de Bessent?

Desde suelo norteamericano dictan qué se puede decir y qué no sobre el andar de la economía argentina. La administración que conduce Javier Milei habilitó este trato, que a la vez permite presentar evasivas al momento de dar explicaciones.

 

Las cuentas públicas argentinas son una incógnita. El presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo decidieron que la opacidad sea una marca de gestión. Cuando el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent confirmó este martes que se activó una parte del swap que la Casa Blanca acordó con el Gobierno libertario, el modelo quedó en evidencia: no quieren que nadie sepa detalles.

Caputo lo dejó en claro durante una entrevista con La Nación Más. No puedo decir nada sobre cuánto dinero ya aportó el Tesoro de Estados Unidos porque estoy bajo un tratado de confidencialidad”, marcó el titular del Palacio de Hacienda, y acentuó: «No puedo dar respuesta alguna al respecto, es algo que legalmente no puedo hacer».

Desde suelo norteamericano dictan qué se puede decir y qué no sobre el andar de la economía argentina. La administración que conduce Javier Milei habilitó este trato, que a la vez le permite presentar evasivas al momento de dar explicaciones.

“En la mayoría de los rescates, no ganas dinero. El Gobierno de Estados Unidos ganó dinero. Ya tenemos una ganancia de esa línea de intercambio. No les transferimos los 20.000 millones de dólares. Hicimos una línea de crédito disponible, se retiró una pequeña cantidad y hemos obtenido una ganancia de eso”, planteó Bessent en declaraciones a la agencia de noticias Bloomberg.

Las preguntas en torno a cuál fue dicha ganancia y bajo qué condiciones, quedaron escondidas bajo el argumento del tratado de confidencialidad que esgrimió Caputo.

Que el ministro de Economía no pueda hablar porque tiene un bozal legal de parte del Gobierno de Estados Unidos socava toda soberanía. No puede explicar montos prestados, condiciones de dichos préstamos o cómo se hizo el pago de la ganancia que nombra Bessent, tampoco qué se entregó a cambio de cerrar un acuerdo de esta magnitud -que incluso generó un tembladeral político en suelo norteamericano-.

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La situación es advertida por diferentes economistas. “El BCRA sigue sin aclarar si se ha activado el swap o no, ya sea para darle salida al Tesoro de Estados Unidos y garantizarle una ganancia financiera o para el pago al FMI. La falta de transparencia cada día se profundiza más», subrayó el inversor Christian Buteler, previo a la confirmación del secretario del Tesoro. Luego de conocerse que sí fue activado, plateó: «El BCRA tomó una deuda (activó el swap) para que el Tío Scotty pueda volver a comprar los dólares que había vendido y obtenga una ganancia. No fue una operación de mercado, la deuda del BCRA se tomó para garantizar la ganancia al Tesoro americano. Esto seguramente estaba hablado previamente, ya sea si perdían las elecciones o si el dólar no bajaba lo suficiente”.

No obstante, la opacidad en el manejo de la política económica no se reduce al swap acordado con Estados Unidos, sino que también se padece a diario con una gestión que redirecciona discrecionalmente recursos ante la falta de Presupuesto, algo que cumpliría tres años así en caso de que el Congreso no apruebe el proyecto oficialista.

A esto se suma el envió al exterior del oro del Banco Central, una operación que no informó condiciones ni destino de esas reservas. Tampoco está claro si eso se prestó o se puso de garantía para algo en específico. De nuevo sombras donde debería haber claridad.

La agencia Bloomberg, de reconocida importancia en materia económica, días atrás tituló “Argentina paga 800 millones de dólares al FMI y un dato del organismo sugiere activación del swap”. Internacionalmente se percibe el secretismo con el que se maneja la política libertaria, no hay certezas, sino suposiciones o alguna que otra deducción.

Los datos deben ser públicos porque el dinero que está en juego no es el de Milei ni el de Caputo, sino el de todos los argentinos. La opacidad en el terreno de las cuentas estatales no debería ser opción. De lo contrario, el Gobierno gestiona el país como se si fuese una cueva financiera en una guarida fiscal. En el sector privado, pueden hacer los movimientos que consideren, pero Argentina no es una financiera.

 

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