Madres de Plaza 25 de Mayo cumplió 40 años: la historia de las rosarinas que desafiaron a la dictadura y buscaron a sus hijos
Al no saber qué había pasado con sus hijos, desaparecidos por la dictadura militar, más de treinta mujeres empezaron a rondar en la plaza de Laprida y Córdoba para pedir respuestas y denunciar las consecuencias que el terrorismo de Estado tuvo en Rosario.
- Conclusion TV
- Por Elisa Soldano y Sebastián Moreno*
- Mar 24, 2025
La agrupación “Madres de Plaza 25 de Mayo” acaba de cumplir sus primeros cuarenta años. Era enero de 1985 cuando un grupo de rosarinas que buscaban intensamente a sus hijos desaparecidos por la dictadura decidió dejar de concentrar sus actividades en Capital Federal y empezar a militar en la ciudad donde residían. Actualmente, solo vive una de las más de treinta mujeres que todos los jueves rondaban por la plaza de Córdoba y Laprida pidiendo respuestas, pero hubo manos que recogieron su lucha y hoy se encargan de mantener viva la memoria, para que Rosario no olvide su historia.
Las madres rosarinas comenzaron a militar en 1977 -cuando la dictadura llevaba más de un año en el poder- junto con Familiares de Detenidos y Desaparecidos, una organización que también estaba integrada por padres, esposas y hermanos. Sin embargo, de a poco iba tomando fuerza la idea de independizarse.
“En Rosario había algunas Madres de Plaza de Mayo que militaban en Familiares y viajaban los jueves a Buenos Aires, como Nelma Jalil, Irma Molina o Esperanza Labrador. En 1984 empezaron a reunirse localmente, se encontraban en lo que hoy es el Museo de la Memoria (ubicado en Córdoba y Moreno), que en ese momento era el Comando, y en enero de 1985 se constituyen como Madres de Plaza 25 de Mayo, como una filial de Buenos Aires”, recordó en diálogo con Conclusión Ana Moro, quien actualmente es la presidenta de la organización rosarina.
Y Alejandra Fracassi, una de las socias del organismo, amplió: “Se le puso Madres de Plaza 25 de Mayo para marcar que en Rosario también hubo desaparecidos y mujeres que estaban buscando a sus hijos. Capital Federal tiene una historia parecida, pero no es la misma, porque ni las represiones ni las Fuerzas Armadas fueron iguales. Es fundamental rescatar la historia de la ciudad, para que sepan que hubo represión, que sigue habiendo desaparecidos y que cada una de las madres tiene nombre, apellido y una familia que fue diezmada por la dictadura”.
Fracassi también mencionó que ante la desaparición de sus hijos, algunas madres como Esperanza Labrador o Nelma Jalil viajaban a Buenos Aires para intentar reunirse con Leopoldo Fortunato Galtieri, integrante del gobierno militar. “No les decían nada, las tenían paradas y no las querían recibir. Ya desde el golpe de Estado inorgánicamente empezaron a buscar a sus hijos”, comentó.
“Al principio, cuando militábamos con familiares, había más madres, pero algunas dejaron la actividad porque se dieron cuenta que sus hijos no iban a volver. Todas tenían la esperanza de encontrarlos vivos”, agregaron las referentes en Derechos Humanos.
A pesar de ser un emblema local en la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia, las madres aún no tienen un gran reconocimiento por parte de la sociedad rosarina, que, en muchos casos, desconoce de su militancia y actividad. “La historia es porteñocéntrica. Las madres de Buenos Aires han trabajado muchísimo y siempre con ayuda económica, lo que no hemos tenido nosotros. Todo lo nuestro es a pulmón, las madres tenían que recibir a la gente en las rondas por no tener una casa”, observó Moro.
Tiempos oscuros: los 90’s y el indulto
“La memoria siempre está en pugna, tuvimos distintos momentos de apoyos o no apoyos. Cuando las Madres empezaron a rondar, en la época de Alfonsín, la gente se acercó muchísimo. La reacción social tiene que ver mucho con cómo se comportan los medios de comunicación y con qué hace el Estado en cuanto a los Derechos Humanos. En la época del menemismo, con la pacificación nacional y demás, estuvimos muy solas”, repasó Moro.
Durante los 90’s los organismos de Derechos Humanos atravesaron momentos difíciles, marcados por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y el indulto a militares y militantes acusados de subversión, las cuales fueron sancionadas durante las presidencias de Ricardo Alfonsín y Carlos Menem.
En este contexto, a mediados de la década las Madres de Plaza 25 de Mayo presentaban algunas diferencias políticas con la organización de Buenos Aires, por lo que renunciaron a ser una filial y se independizaron completamente.
“Hubo marchas contra el indulto, pero no éramos tantos. Alguna gente aceptó esta medida, porque no solo se indultaba a los milicos, sino también a militantes importantes o comandantes de Montoneros y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue una época muy oscura para los organismos, porque Menem avanzó con todo, pero así y todo hay que reconocer que se ayudó a las Abuelas a hacer el banco genético. Ahora, en cambio, son todos retrocesos desde el Gobierno”, manifestó la presidenta de Madres de Plaza 25 de Mayo.
No obstante, destacó que la situación “reflotó muchísimo cuando Néstor Kirchner asumió como presidente”, y mencionó que a partir del 2003 “hubo una gran cantidad de jóvenes que empezaron a luchar y a apoyar a las madres”.
El rol de las Madres en los juicios
El 21 de marzo de 1985 -a tres días de que se conmemore el noveno aniversario del golpe de Estado- las Madres de Plaza 25 de Mayo marcharon por primera vez en Rosario. Hacía apenas dos meses que se habían conformado como agrupación y ese mismo verano, siguiendo con la iniciativa realizada en Buenos Aires, llevaron adelante, en la peatonal y en los barrios rosarinos, una campaña en donde se pedía que los ciudadanos dibujen su mano en un papel.

Uno de los adherentes a la campaña de las manos fue el presidente de Italia, Sandro Pertini, quien en 1985 se sumó al dibujo y expresó: “Esta es mi mano izquierda, la mano de un corazón lleno de angustia, pensando en el cruel destino de los ‘desaparecidos’”.
Al ser consultada por el rol que las madres tuvieron en los procesos judiciales, Moro indicó: “Hubo diferencias. En Buenos Aires no aceptaban mucho el juicio de 1985, pero algunas madres rosarinas sí fueron a declarar, como Nelma Jalil, Ángela de Costanzo o la señora de Márquez. Costanzo volvió a declarar en Rosario, creo que es la única que brindó testimonio en ambas ciudades, porque las otras dos ya estaban fallecidas. Acá también declaró María Adela ‘Lila’ Forestello por el secuestro de su hija, yerno y nieta”.
“Hubo diferencias en cuanto al proceso donde solo se juzgaron comandantes y las penas fueron ridículas, pero después pudimos avanzar. Las madres que seguían vivas fueron a los juicios, fue todo muy emocionante, las condenas eran muy fuertes, a prisión perpetua. En general las madres no entraban al recinto cuando se leían las penas. La mayoría prefería estar afuera, acompañadas, abrazadas”, contó Moro.
De las madres que fundaron la agrupación hace cuatro décadas hoy sólo vive Ángela de Costanzo, que desde hace algunos años reside en Francia junto a sus hijos. Actualmente, Madres de Plaza 25 de Mayo está integrada por algunos familiares de las fundadoras, pero principalmente por militantes en Derechos Humanos.
Tanto Fracassi como Moro recordaron que muchas familias de víctimas restringieron su militancia ante el temor a ser reprimidos por “portación de apellido”. “Hubo muchas represalias con los familiares de desaparecidos, a algunos les allanaron la casa. Las que sacaron adelante la lucha fueron las madres, a veces hasta en contra de sus propias familias”, detallaron.
En este sentido, Moro hizo una breve referencia a su historia personal: “Soy hija de una madre, Nélida de Moro. Estuve detenida en un centro clandestino junto con quien era mi marido, Juan Cheroni, embarazada. También detuvieron al hermano de mi marido, Hugo, y a su mujer, que también estaba embarazada. Nosotros salimos en pocos días, pero a Hugo lo llevaron a Coronda, donde estuvo varios años preso. Eso fue en el 77, en el 76 ya tenía desaparecida a mi hermana gemela, Miriam Moro, y a mi cuñado, Roberto De Vicenzo. Pero acá estamos, seguimos con el legado de las madres, ellas nos pidieron que no abandonásemos las rondas”.
Una casa para la memoria
En agosto de 1985 las madres de Rosario alquilaron su primera sede, ubicada en Montevideo al 1220. Ana Moro aún conserva la invitación que recibió su mamá, escrita de puño y letra con una caligrafía que desborda prolijidad, en donde se la convidaba a la inauguración del espacio, con una única condición: llevar algo rico para compartir. “Venga, hágalo por sus hijos y por las generaciones futuras”, rezaba la misiva.
“En esta primera sede alquilada se recibieron muchas visitas, había cantidad de fotos y libros, pero la mayoría de esas cosas se perdieron porque después hubo que mudarse a una casa de pasillo que ya no existe, en calle Rioja y Buenos Aires. Ya en los 90’s no pudieron seguir pagando el alquiler”, indicó Moro.
Tras estar casi treinta años sin una sede edilicia, a fines del 2023 la organización volvió a tener un espacio propio gracias a Alejandra Fracassi, quien les entregó en comodato un departamento ubicado en Corrientes al 987, donde se montó un centro cultural que ofrece propuestas artísticas -como música en vivo, proyecciones de películas y muestras fotográficas-, talleres, biblioteca y un notable trabajo para restituir el archivo de la agrupación, que está a cargo de la antropóloga Agustina Cinto.
Además del arduo labor de sus integrantes, el espacio se mantiene económicamente gracias al aporte de los socios y con lo recaudado en el servicio gastronómico. Además, muchas personas donaron muebles, libros o dispositivos tecnológicos para equipar el espacio.
Los molinos ya no están, pero el viento sigue soplando
Uno de los principales objetivos de las Madres de Plaza 25 de Mayo es acercar esta parte de la historia a los jóvenes. “Los chicos miran a la dictadura como algo que pasó hace muchísimo tiempo, pero cuarenta años no es tanto como para que se pierda la memoria, sobre todo en momentos como los que estamos viviendo hoy, tan negativos para los Derechos Humanos”, dijeron las referentes de la organización.
Tanto Moro como Fracassi cuestionaron la falta de apoyo económico por parte del Gobierno santafesino a los espacios de memoria y destacaron la importancia que tienen a la hora de contar la historia. En este sentido, y con el fin de ilustrar la complicidad cívica que había en aquel momento, recordaron que en San Lorenzo y Dorrego, en pleno centro rosarino, donde actualmente funciona la sede de Gobernación, existía un centro de detención clandestino.
“Somos perseverantes y vamos a seguir luchando, tratando de mantener este lugar y militando. Nuestra tarea es transmitir esta historia a los chicos. Por otra parte están H.I.J.O.S. y Nietes, que van a seguir con el legado que empezó con las Madres y con los familiares. Seguimos siendo tres generaciones”, cerraron.



