Yerba mate y glifosato: Furlán sospecha por la «indignación de redes» y pide subsidios para la transición agroecológica
El productor Juan Carlos Furlan advirtió que la prohibición del herbicida fue derogada hace tiempo por el lobby industrial y señaló que la presión de la sociedad de consumo impide que el minifundista migre hacia modelos sustentables sin riesgo de quiebra.
- Conclusión en Buenos Aires
- Por Aldo Battisacco
- Nov 2, 2026
El productor agroecológico de Misiones, Juan Carlos Furlan analizó la reciente polémica viral sobre la presencia de glifosato en la yerba mate, calificando el interés repentino en las redes sociales como una «alarma pequeñoburguesa» que desvía la atención del verdadero conflicto estructural.
Furlán es propietario de una pequeña chacra en Cerro Corá, Misiones. Si bien su terreno se asemeja a los miles de predios de agricultura familiar de la zona, se distingue por implementar un sistema productivo propio. En su propiedad, la tradición y la innovación científica se integran mediante cultivos diversos y prácticas sustentables.
El productor aclaró que la prohibición del glifosato en Misiones existió, pero fue revertida hace tiempo debido a la presión corporativa. «Esa ley que fue fruto del impulso y de la lucha del movimiento agroecológico y campesino de la provincia de Misiones duró muy poco porque el poderoso lobby de Bayer- Monsanto y sus habituales personeros con sus extraordinarios berrinches, consiguieron que esa prohibición dé marcha atrás», explicó en su cuenta de la red social Facebook.
Respecto de la realidad de los productores misioneros, consideró que es un error señalar al campesino por el uso de agroquímicos, ya que este se encuentra atrapado en un sistema de rentabilidad impuesto desde arriba. «Si la yerba mate se produce con glifosato y no es culpa del campesino. Esto es lo primero que tenemos que señalar».
La chacra Furlán evolucionó espontáneamente hacia un centro de experimentación agroecológica. Su metodología de trabajo atrajo el interés de especialistas, alumnos y productores locales, quienes acuden al predio para estudiar sus procesos de producción de bioinsumos, la organización de su sistema agroforestal y sus técnicas de conservación de suelos.
«La producción de yerba se hace con herbicidas, con venenos, con fungicidas, con acaricidas porque es fundamental garantizar un determinado rinde capaz de conseguir que la yerba siga siendo negocio
En este sentido, Furlan describió cómo la demanda del mercado condiciona la vida en el campo: «La sociedad de consumo impone su pesada bota sobre la cabeza de nosotros los campesinos y que para poder mantenernos en las chacras tenemos indefectiblemente que seguir ciertos parámetros de producción que hacen a ciertos requisitos de la industria».
El problema no es el campesino, sino una estructura de producción que obliga al productor a elegir entre el veneno o irse de la chacra
Aunque afirmó que es posible y pero tambien necesario producir sin químicos —siendo la yerba un árbol nativo—, subrayó que la transición agroecológica requiere un tiempo y una solvencia económica que el pequeño productor no posee. «El problema es que esa transición hacia la agroecología lleva tiempo. Un tiempo que el campesino no tiene porque el campesino minifundista no tiene la espalda que tiene un pool de siembra», señaló.
Finalmente, el referente agroecológico Juan Carlos Furlán, instó a pasar de la queja digital a la acción concreta y propuso medidas económicas estatales para apoyar a las 26 mil familias campesinas de Misiones. «Quizás podamos exigirle a la nación que destine un fondo fiduciario que permita subvencionar a los productores de yerba mate para que transicionen, y que al transicionar no vayan a la quiebra. Saquémosle platita al fracking y démosle a los productores agroecológicos», concluyó.

