MIéRCOLES, 21 DE OCT.

Entre el bombardeo de lanchas y visitas de Estado

Mientras los buques de guerra y los aviones de combate se despliegan en el Mar Caribe, Estados Unidos continúa con la “diplomacia anti-narcotráfico”.

 

Desde hace dos semanas, la atención del hemisferio está puesta en el Mar Caribe. Estados Unidos tiene desplegada allí una fuerza de ataque con el objetivo declarado de frenar las actividades del crimen organizado, pero también con señales inciertas y ambiguas con respecto al gobierno venezolano que todavía conduce Nicolás Maduro.

Durante la semana, lo que empezó siendo un envío de fuerzas navales al límite de las aguas territoriales de Venezuela continuó con un ataque, publicitado por el gobierno de Trump, contra una lancha en la cual viajaban 11 personas. Todos los tripulantes murieron. La embarcación no era mucho más voluminosa que cualquier bote que podemos encontrar en nuestro Río Paraná un domingo de sol. No obstante, la primera potencia militar a nivel global la destruyó argumentando que en ella había miembros del Tren de Aragua, que se dirigían con un cargamento de drogas hacia los Estados Unidos. Como nadie sobrevivió al ataque, no podremos saber a ciencia cierta quiénes eran, cómo transportaban el cargamento, hacia dónde se dirigían y desde donde venían. Al debido proceso se lo llevaron puesto.

Nicolás Maduro, además de envolverse en el nacionalismo y la defensa de la soberanía con el objetivo de consolidar su dominio interno, continúa culpando al Secretario de Estado Marco Rubio e intentando tender puentes con Trump. Según el líder venezolano, es Rubio quien está arrastrando a su jefe en esta campaña contra Venezuela. Maduro sabe que el responsable de la diplomacia norteamericana tiene un compromiso ideológico más fuerte que Trump en contra de su gobierno y su estrategia es sembrar la discordia entre ambos, a sabiendas que el Presidente republicano no fue electo para iniciar nuevas guerras en el extranjero. Ni en Medio Oriente, ni en América Latina.

Las Fuerzas Aéreas venezolanas sobrevolaron uno de los destructores estadounidenses luego del ataque contra la lancha, catalogado como farsa desde Miraflores. La incursión aérea, con objetivos disuasorios, generó que Estados Unidos envíe 10 aviones de combate hacia Puerto Rico, listos para salir hacia el Caribe si la situación lo demanda.

Hasta acá, los hechos. No hay pistas sobre cómo puede continuar esta situación. Lo que sí podemos afirmar es que Estados Unidos continúa con la tendencia de ejercer una política caso por caso en la región, y que hoy su principal catalizador es la política anti-narcotráfico. Como se dijo en este espacio hace dos domingos, esto no es nuevo. En 1989, Washington envió 20.000 soldados a Panamá para derrocar a Manuel Noriega, acusado de pertenecer al crimen organizado. El antecedente indica que la fuerza estacionada en el Caribe, por más imponente que sea, no es suficiente para profundizar la agresión contra Venezuela. Se habla de aproximadamente 5.000 marines para un país que es más grande y tiene mayores capacidades militares que la Panamá de fines de los 80.

La especulación es que la fuerza en el Caribe busca, como tantas otras veces, lograr un cambio de régimen en Venezuela. Estados Unidos no confirma esto. Sí, dice que el gobierno de Maduro es ilegítimo. Sí, dice que es líder de un cártel narco. Sí, la líder opositora María Corina Machado sostuvo que “falta poco”. Pero no, no se ha confirmado oficialmente que el objetivo de la operación es derrocar a Maduro. Incluso, las comunicaciones del Pentágono se inclinan más por pedir al régimen que no se meta en la operación anti-narcóticos y no en que entregue el poder. Señales inciertas.

Mientras tanto, Marco Rubio anduvo de gira. Fue a México y fue a Ecuador, a reunirse con sus respectivos mandatarios, quienes no tienen vínculos entre sí después del asalto de las fuerzas ecuatorianas a la Embajada mexicana el año pasado para meter preso al ex Vicepresidente Jorge Glas.

Ecuador es el país donde más creció el crimen organizado en los últimos años. El nivel de violencia y conflictividad ligadas al narcotráfico alcanzaron los niveles que se observan en México y Colombia hace años. Allí, Marco Rubio anunció la declaración de Los Lobos y de Los Choneros, dos bandas delictivas, como organizaciones terroristas, tal como se hizo con las organizaciones mexicanas y venezolanas. Sin embargo, no hay señales de que Washington vaya a enviar una fuerza naval de ataque a las costas del Pacífico, donde hace tiempo funciona una importante ruta del narcotráfico. Posiblemente intercepten más embarcaciones que en el Caribe, pero por ahora no hay anuncios al respecto.

Es importante recordar que el Presidente ecuatoriano Daniel Noboa intentó, hace unos meses, modificar la Constitución para permitir nuevamente el establecimiento de bases militares estadounidenses en el país. Hoy, para llevar adelante esa acción, debería reformar la Carta Magna redactada durante el gobierno de Rafael Correa.

En México, Rubio se entrevistó con la Presidenta Claudia Sheinbaum y dijo que no hay ningún gobierno que esté cooperando más que el mexicano, en esta lucha por erradicar el narcotráfico del continente. Se habló mucho en los 5 meses que lleva el segundo mandato de Trump de la relación fluctuante con México, teniendo en cuenta los factores estructurales que definen el vínculo entre ambos países. No obstante, la mandataria mexicana continúa volanteando la relación y sostiene una relación de cordialidad con la administración estadounidense, la cual se caracteriza hoy por ser impredecible y contradictoria.

 

La semana pasada, una senadora mexicana llamada Lily Tellez pidió explícitamente en la televisión estadounidense una intervención armada, acusando al gobierno de Sheinbaum de tener vínculos con el narcotráfico. La Casa Blanca, por su parte, respondió enviando a su máximo diplomático a Ciudad de México, el cual no tuvo más que elogios para su anfitriona. Demostraciones de cómo está la narrativa política en la América Latina de hoy.

Es imposible delimitar qué sucederá de aquí en adelante en el Mar Caribe. Teniendo en cuenta que Estados Unidos no realiza acciones en el Pacífico -donde la mayoría expertos coinciden que es allí donde más creció el tráfico de sustancias en los últimos años- el argumento de la lucha contra el narcotráfico no alcanza para entender el actual despliegue de fuerza militar. Sin embargo, tampoco declaran que el objetivo sea sacar a Maduro de Miraflores, lo cual implicaría la necesidad de desplegar fuerzas en el terreno o atacar el territorio venezolano, algo que Estados Unidos, con un largo historial de intervenciones en Sudamérica, jamás ha hecho hasta el momento de forma directa y explícita.

La diplomacia anti-narcotráfico de Washington hacia América Latina es contradictoria e incierta. Gobiernos de izquierda y derecha muestran similitudes y diferencias en sus políticas bilaterales con el norte. Teniendo en cuenta que las señales son poco claras y la política exterior estadounidense parece moverse al ritmo del ánimo de Trump, todo puede pasar.

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