La UCA toma distancia de la medición del Indec y ubica a la pobreza en el 36%
La indigencia se redujo a 6,8%, de acuerdo a la casa de estudios. Además, revelaron que en el 48,8% de los hogares viven niños en situación de pobreza.
- Economía
- Dic 4, 2025
Al cierre del tercer trimestre de 2025, la pobreza en Argentina se ubicó en 36,3%, mientras que la indigencia afecta al 6,8%, según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (Odsa) que elabora la Universidad Católica Argentina (UCA).
De esta manera, la pobreza cayó 9,3 puntos con relación al mismo período del año pasado y 8,4 puntos frente al tercer trimestre de 2023, antes de la asunción de Javier Milei, de acuerdo a la metodología de la Universidad.
A su vez, la institución educativa reveló que en el 48,8% de los hogares viven niños en situación de pobreza. Mientras que solamente el 10,8% de los domicilios no hay menores en esta condición.
“Estas mejoras relativas se deben, en parte, a la estabilización inflacionaria y al refuerzo de transferencias sociales, pero no implican un cambio estructural en las condiciones de vida ni en la alta desigualdad”, consignó la UCA.
Diferencias con el Indec
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) informó en septiembre que en el primer semestre de 2025 la pobreza alcanzó al 31,6% de las personas, una baja de 21,3 puntos porcentuales con respecto al mismo período de 2024, cuando se registró el pico de la crisis económica tras el cambio de gobierno.
Sin embargo, para la UCA existe un “sesgo” en la medición monetaria, por un “subregistro de ingresos” en la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Corrigiendo el cálculo, la caída real de la pobreza monetaria bajo la gestión actual sería de solo 2.1%, y la pobreza corregida en 2025 se situaría en torno al 35% (usando valores corregidos por captación del 2T 2025). Es decir, la baja de la pobreza sería considerablemente menor.
Por lo tanto, “aproximadamente tres cuartas partes de la caída en las cifras oficiales de pobreza desde 2023 podrían deberse a este efecto estadístico”.
La casa de estudios remarca que la pobreza se toma por ingresos, pero las canastas son en base a consumos de 2003-2004, ya que aún no se actualizó en base a la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018. “Con una canasta más actualizada, la pobreza habría aumentado menos tras la devaluación de diciembre de 2023, pero también habría mostrado una reducción más lenta en los trimestres posteriores”, destacan.
Días después de la publicación de los datos del Indec, la UCA aclaró: “En contextos de alta volatilidad, tanto por fuertes incrementos en los precios como ante la desaceleración inflacionaria, la medición de la pobreza por ingresos no logra captar adecuadamente esos cambios; mucho más si durante el proceso, tuvieron lugar alteraciones en la estructura de precios y en los instrumentos de medición de los ingresos. Un análisis más cuidadoso de la serie estadística oficial sugiere que, aunque la caída de la pobreza es real, su magnitud se encuentra sobrerrepresentada por la medición. Esta sobrerrepresentación se explica en primer lugar porque la medición utiliza umbrales de indigencia y de pobreza basados en canastas básicas que responden a una estructura de consumo desactualizada, correspondiente a la ENGHO de 2004-2005 -sin haber sido ajustada según la ENGHO 2017-2018-. Los procesos de devaluación, liberación de precios y aumento en las tarifas de servicios, aumentaron esta distorsión, afectando la capacidad de la medición para reflejar con fidelidad la efectiva capacidad de consumo de los hogares”.
Pobreza estructural
En los últimos 20 años, la pobreza por ingresos ha mantenido un piso estructural de alrededor del 25% de la población, y la indigencia, alrededor del 5%. El tercio inferior de la estructura social se concentra en una población atrapada en la pobreza debido a empleos informales, precarios o de subsistencia, y una dependencia estructural de las transferencias públicas.
En resumen, aunque los datos más recientes de 2025 muestran una reducción de las tasas de pobreza e indigencia por ingresos respecto a los picos de la crisis de 2024, alcanzando niveles similares a 2022/2023, la pobreza crónica estructural persiste, especialmente en los estratos socioeconómicos más bajos.
La población crónicamente pobre (que siempre estuvo en situación de pobreza por ingresos entre 2024 y 2025) representa el 27.6% del total. La cronicidad es significativamente mayor en los estratos más bajos: en el nivel Muy Bajo, el 60.9% de la población permaneció crónicamente pobre entre 2024 y 2025.
Inseguridad Alimentaria y malestar psicológico
Refleja la reducción involuntaria de porciones de alimentos y/o experiencias de hambre por motivos económicos. En 2025, el 18.7% de los hogares se encuentra en situación de inseguridad alimentaria total, y el 7.8% bajo inseguridad alimentaria severa.
Además, la inseguridad alimentaria es crítica en el estrato Muy Bajo, con valores superiores al 50% en los picos y 40.2% en 2025 (inseguridad alimentaria total).
El deterioro de las condiciones económicas tiene una correlación directa en la salud mental. En 2025, el 37,7% de las personas en hogares muy bajo padece malestar psicológico, duplicando los valores medio alto (17.7%). Cuatro de cada 10 personas con estrés económico presentan malestar psicológico en 2025 (37.6% del total con estrés económico).
Impacto de los planes sociales
Las simulaciones indican que los programas sociales son necesarios aunque insuficientes, ya que la indigencia aumentaría al doble si se eliminaran los programas de transferencias (la tasa de indigencia simulada sin transferencias en 2025 es del 12.8%, frente al 6.8% observado).
La pobreza sería alrededor de un 20% más elevada sin estas transferencias (la tasa simulada sin transferencias en 2025 es del 41.8%, frente al 36.3% observado).
Pobreza 2023-2025
Las estimaciones de pobreza e indigencia monetaria para el tercer trimestre de 2025 son:
Indicador (Personas) 2023 – 2024 – 2025
Pobreza 44.7% 45.6% 6.3%
Indigencia 9.6% 11.2% 6.8%
Método de relevamiento
Las estadísticas referidas a la pobreza provienen del análisis de las privaciones monetarias (pobreza e indigencia por ingresos) y de indicadores complementarios como el estrés económico y la inseguridad alimentaria. Estos datos se basan en estimaciones de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (Edsa) del Odsa de la UCA y datos empalmados/reconstruidos de la Encuesta Permanente de Hogas del Indec, abarcando generalmente el período 2010-2025.
Pobreza: se define a los hogares como pobres si sus ingresos se encuentran por debajo del umbral del ingreso monetario necesario para adquirir una canasta de bienes y servicios (Canasta Básica Total o CBT).
Indigencia: se considera indigentes a los hogares cuyos ingresos no les permiten adquirir el valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que cubre un umbral mínimo de necesidades alimenticias.



