JUEVES, 04 DE JUN.

Chamorro: “Ayudamos a las personas en situación de calle porque ellos viven lo mismo por lo que pasamos nosotros en Malvinas”

“En cada acto al que vamos tenemos el abrazo de nuestro pueblo, eso es lo que hemos buscado siempre”, expresa el presidente del Centro de Ex Combatientes de Rosario en un nuevo envío del podcast El Efecto de Conclusión.

Cuando Claudino Chamorro se embarcó hacia Malvinas no sabía lo que le esperaba, lo único que tenía en claro era que debía defender a la Patria. Chamorro, por aquel entonces un joven nacido en Corrientes que vivía en Rosario junto a su familia, llegó en septiembre de 1981 al batallón de Infantería nº 5 en Río Grande, Tierra del Fuego, donde le tocó el cumplir con el Servicio Militar, una obligación para todos los varones mayores de 18 años en ese tiempo. Y siguió siéndolo hasta mediados de 1994, cuando el asesinato del conscripto Omar Carrasco le puso punto final.

Ya a fines de marzo de 1982 la información que llegaba desde Buenos Aires era muy escasa. La única forma que tenían de comunicarse con sus familias era a través de cartas que tardaban más de una semana en llegar.

Con la instrucción en el manejo de armas que recibieron los primeros meses, los enviaron a custodiar la frontera con Chile. Por eso creyeron que el conflicto era con el vecino país, como había sucedido cuatro años atrás por el Canal de Beagle. Nunca se imaginaron que habría una guerra, y menos con los ingleses.

El 2 de abril les informaron que las tropas argentinas habían desembarcado recuperando un territorio usurpado por los británicos desde 1833. El operativo fue decidido por la junta militar del gobierno de facto, integrada por el general Leopoldo Galtieri, el almirante Isaac Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo. Ese día los conscriptos volvieron al batallón para comenzar el alistamiento.

Claudino llegó a Malvinas el 8 de abril. Podría haberse quedado en el continente por un problema en uno de sus ojos. Pero no dudó cuando le consultaron “Chamorro, ¿usted qué va a hacer?”. Instintivamente se sacó el parche y se unió al resto del batallón. Luchó hasta el 14 de junio, día en que el general Mario Benjamín Menéndez firmó la rendición. Chamorro y sus compañeros habían combatido toda la noche del 13 de junio hasta la mañana del día siguiente. “Esa noche fue un infierno”, describiría unos cuarenta años después.

Luego, permaneció seis días como prisionero hasta que el 22 de ese mes llegó a Ushuaia en el rompehielos Almirante Irizar junto al resto de los soldados argentinos. Nunca volvió. “Ir a Malvinas es una cuenta pendiente, pero significa sacar un pasaporte, ¿por qué? Si es mi territorio”, ese donde “hoy descansan nuestros héroes que siguen reclamando soberanía estando ahí”.

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Claudino Chamorro inicia y termina la charla con el podcast de Conclusión El Efecto de la misma manera, hablando de “soberanía”. Para el presidente del Centro de Ex Combatientes de Rosario, Malvinas es también “patria y bandera”, ya que hoy las islas están siendo “usurpadas y depredadas por el imperialismo”.

Aquel joven que luchó en Malvinas, que hoy supera las seis décadas, sueña con recuperarlas a través de la diplomacia, aunque para él los reclamos, más que tibios, son “entreguistas”. “No hablo solamente de este Gobierno, sino también de todos los anteriores”, aclara. Porque “la soberanía no es solo Malvinas, es todo nuestro territorio. Tenemos un radar inglés, una base china y se están llevando nuestros recursos del río Paraná sin dejarnos nada”, extiende el concepto el veterano.

A la vuelta se los llamó ‘Chicos de la guerra’, ‘héroes’ y hasta ‘víctimas’. ¿Te sentís identificado con alguna de estas categorías?

Ni chicos ni víctimas. A Malvinas fuimos cumpliendo un juramento a nuestra Bandera y a defender nuestra soberanía. Siempre decimos que los héroes están en el fondo del Mar Argentino, que son las víctimas del ataque al Crucero General Belgrano y los que descansan en Malvinas. Ellos son los héroes de todos los argentinos. Nos dijeron Chicos de la Guerra, Iluminados por el Fuego, hasta nos trataron de fachos. Yo me identifico siendo un soldado de la Patria -como lo fueron los de San Martín y Belgrano, más allá de que no nos comparamos-. Defendimos la patria, con lo que tuvimos y como pudimos.

La desmalvinización

Al regresar de Malvinas la lucha siguió. “Fueron casi diez años de olvido. Primero de los que nos llevaron a Malvinas, que fueron los militares. Después, del Gobierno de la democracia, que también nos dio la espalda”.

“Decir que eras ex combatiente de Malvinas era contraproducente para encontrar trabajo. Y empezaron los suicidios”. Los caídos, entonces, se extendieron por todo el país y a lo largo del tiempo. El referente de los veteranos en Rosario afirma que la cifra de ex soldados que se quitaron la vida supera a los 649 muertos en combate.

Al finalizar la guerra, a Chamorro le quedaban cuatro meses de conscripción, que debió cumplir religiosamente. Había combatido en una guerra, pero todavía debía finalizar el Servicio Militar. Volvió en septiembre del ‘82 y después de unos días de descanso pidió retomar su antiguo trabajo en una fábrica. “Después conformé una familia, pero muchos de mis compañeros no tuvieron la oportunidad de tener esa contención”.

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A Claudino, como a muchos de los veteranos, les llevó tiempo poder hablar sobre lo que habían vivido en las islas. “Mi familia nunca me preguntó, nunca tuvimos una charla, yo los entendía, seguramente no querían hacerme revivir todo eso”. Tiempo después, los combatientes empezaron a visitar colegios para que los más jóvenes conocieran de primera mano nuestra historia. Así, pasaron de la imposibilidad de verbalizar a la capacidad de transmitir sus experiencias. Las charlas se extendieron a universidades, sindicatos, vecinales, clubes, centros de jubilados, y todos los lugares adonde eran convocados. “Es una descarga”, expresa Claudino.

El reconocimiento por parte del Estado llegó recién en 1991 cuando el Gobierno de Carlos Menem les otorgó una pensión con la obra social de Pami, “la de nuestros abuelos”.

A 44 años, ¿llegaste a encontrarle algún sentido a esa guerra?

– Sentido no tiene ninguna guerra. Las guerras las inician dos personas que se conocen y la pelean miles que no se conocen. Nadie creyó que íbamos a vivir una situación de guerra. Nosotros nunca nos imaginamos que íbamos a ir a una guerra, pero sucedió lo que uno no quería. pero nosotros estábamos cumpliendo un deber que era cuidar nuestra soberanía. Lo tuvimos que hacer. Nadie quiere estar en una guerra, las guerras no sirven para nada.

Fue una lucha cuerpo a cuerpo, muy diferente a las guerras de hoy, en las que apretando un botón se destruyen ciudades enteras. Muchos de nosotros hicimos todo lo posible para sostener, no alcanzó. En una guerra hay que tener una logística y que esos soldados tengan los elementos necesarios. Eso no pasó, muchos nos quedamos sin municiones. Malvinas fue improvisación.

Reflejados en el pueblo

A los meses de volver de las islas, los combatientes de Rosario comenzaron a reunirse en casas para organizarse. Ya al año siguiente la Municipalidad de Rosario les prestó una oficina en Sarmiento y Córdoba, donde comenzaron a evaluar la posibilidad de ayudar a las personas. Hasta que en 1985 se conformó legalmente el Centro de Ex Combatientes de Rosario, que hoy tiene su sede en Ayacucho 1477.

Ávidos por ayudar a sus compatriotas, un grupo de veteranos colaboró en las inundaciones que se produjeron en Corrientes durante 1996 y 1998. Allí, les donaron un camión, un Mercedes Benz del Correo que hasta hoy sigue recorriendo las calles de Rosario entregando alimentos a los más necesitados. En la crisis de 2001 los empujó a salir a repartir comida en las calles de Rosario. “Pensamos que teníamos que hacer algo por nuestro pueblo”.

“Salíamos con donaciones o cosas que comprábamos para tratar de devolverle algo a nuestro pueblo, que cuando estábamos en Malvinas, donaba sus ahorros”, manifiesta el veterano.

Ayudamos a las personas en situación de calle porque ellos viven lo mismo por lo que pasamos nosotros en Malvinas: estar a la intemperie, mojados, con un única ropa de muda y sin algo fundamental, un plato de comida caliente”. En el pueblo se reflejan los Ex Combatientes.

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Empezamos con la intención de ayudar un tiempo, pero en lugar de disminuir, fue creciendo porque cada vez vemos más gente en la calle”. También se extendió en el tiempo, ya que anteriormente las recorridas se realizaban desde desde mayo hasta septiembre, y en la actualidad se desarrollan hasta el mes de diciembre.

A su vez, el presidente del Centro de Ex Combatientes Rosario explica que “después de muchos años, el Estado Municipal se acopló a nosotros, nos empezó a dar insumos para cocinar, y en los últimos años la Provincia también”.

Dejar una historia bien contada

Recuperar Malvinas a través del diálogo es la lucha que continúan librando los ex Combatientes, porque “lo dice nuestra Constitución, que Malvinas son argentinas”. Aunque Chamorro lamenta que “es difícil porque no solamente tenemos enemigos externos, sino también internos”. “Pero los veteranos no vamos a bajar los brazos, como lo hicimos en Malvinas”, remarca.

Ese compromiso se evidencia en la reconocimiento por parte de la sociedad hacia los veteranos. “En cada acto al que vamos tenemos el abrazo de nuestro pueblo, eso es lo que hemos buscado siempre”.

“Siempre hemos tratado de ser lo más sincero posible en contar nuestra historia. Porque no podemos dejar una historia mal contada a una generación que tiene que seguir la lucha de recuperación de nuestra soberanía”, afirma Chamorro.

“Los que tuvimos la oportunidad de volver lo hicimos con la consigna de homenajearlos y rendirle los honores que se merecen. Y cuando no estemos los veteranos estarán nuestros hijos, nietos y el pueblo argentino, porque Malvinas es de todos”.

 

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