JUEVES, 04 DE JUN.

Historias al plato: Amargasago Obregasero

La creación del Amargo Obrero fue producto de una pretendida respuesta popular a las bebidas dulces que consumía la burguesía. El principal propósito era brindar una bebida dirigida especialmente a los varones trabajadores que se asentaban en Rosario por aquellos días y que se reunían para tomarlo antes de llegar a sus casas tras la jornada laboral.

 

Por si quieren algo más rosarino que el Amargo Obrero, aquí tienen la designación que surge de la aplicación del rosarino básico, la más elemental expresión para identificar algo con su lugar de origen.

El Amargo Obrero es una bebida elaborada a base de una mezcla de hierbas seleccionadas, aromáticas y serranas, como la carqueja, la muña-muña, la manzanilla, junto con un poco de orozú (una especie de caramelo) y con un 19% de alcohol.

La historia de esta bebida, un amaro, empieza cuando llega al país, en 1887, el inmigrante italiano Pedro Calatroni, con el objetivo de desarrollar sus conocimientos en materia de elaboración de bebidas, con el agregado de su disposición para desarrollar las iniciativas creadoras que traía desde su lugar de origen, en una época de fervoroso afán de crecimiento con que los recibía nuestro país. Sus primeras experiencias laborales fueron en Buenos Aires; al poco tiempo se radicó en Rosario, donde se puede decir que de manera definida inició su actividad comercial e industrial.

La creación del Amargo Obrero fue producto de una pretendida respuesta popular a las bebidas dulces que consumía la burguesía. El principal propósito era brindar una bebida dirigida especialmente a los varones trabajadores que se asentaban en Rosario por aquellos días y que se reunían para tomarlo antes de llegar a sus casas tras la jornada laboral. Este aperitivo, amargo y contundente, marcaba un verdadero contraste con aquellas bebidas dulces que habían sido adoptadas por la burguesía del momento.

Se podía considerar que, en esos tiempos de aluviones de corrientes inmigratorias, con el advenimiento de nuevas ideas políticas, entre ellas el anarquismo que se hacía presente en la incipiente actividad laboral de nuestro país. De allí la adopción de los colores rojo y negro presentes en la etiqueta original. A propósito de ello, desmitificando la versión que le atribuye la elección de esos colores a una supuesta influencia de Newels Old Boys, cuando esta institución aún no existía (se fundó en 1903), lo que echa por tierra tal aseveración.

La etiqueta original, que además de exhibir esos colores, claramente identificativos de su adhesión al anarquismo, mostraba una mano obrera que apretaba un ramo de espigas de trigo, y que además estaba acompañado por la figura de una hoz, herramienta primordial para asociar la acción de la cosecha del mencionado cereal, en aquellas épocas iniciales de la actividad. Se ha dicho, y lo tomo con reservas, que durante la tristemente célebre dictadura militar a partir de 1976, más fehacientemente durante el mandato de Galtieri, se modificó la figura de la etiqueta, desapareciendo la mano obrera con el ramo de trigo y la hoz porque se señala que tenían clara alusión al comunismo; no he encontrado registro de que ese cambio haya sido producto de un mandato de gobierno, me inclino a pensar que obedeció a cuestiones de decisiones de índole político-publicitarias. Lo importante es que actualmente la marca ha recobrado la imagen original.

Históricamente ha sido considerado como el aperitivo del pueblo trabajador argentino. Su aspecto, al ser servido, es el de un vaso con contenido espumoso mezclado con soda, que ocupaba los estaños de los bares, bodegones y clubes de barrio, sobre todo en ocasión de la salida del trabajo, en camino a casa. La bebida se caracteriza por poseer un olor parecido al fernet, pero más dulce (ambos son amaros) con la diferencia ostensible que el fernet tiene más de 40° de graduación alcohólica, vs. los 19° del Amargo Obrero. Tradicionalmente solo admitía la mezcla con soda; hoy en día se puede degustar con gaseosa cola o pomelo. Los bartenders actuales ofrecen infinidad de tragos que incluyen el Amargo Obrero entre sus ingredientes primordiales.

Pedro Calatroni, el verdadero creador de esta bebida, antes de fallecer quiso dejar en manos de sus descendientes el manejo de la fábrica. Allá por 1920, ingresó a trabajar con ellos el recién recibido contador Hércules Tacconi, hijo de inmigrante italiano, quien al poco tiempo se asoció con sus patrones, la familia Calatroni.

Hay una anécdota que se ha difundido de manera más o menos verosímil que señala que la mayor ambición de Pedro Calatroni era ser “millonario”, lo que para la época seguramente tenía otras connotaciones distintas a las actuales. El joven y ambicioso Tacconi le ofreció, a partir de ello, la suma de un millón de pesos para atender la pretensión de su socio, a cambio de quedarse con la empresa, lo que éste aceptó. Calatroni falleció en esa transición y su viuda se hizo acreedora de tal monto. A partir de ese momento la empresa se denominó Sociedad Anónima Tacconi y Cía, hasta 1987 en que fue vendida al grupo neerlandés Bols (el de la ginebra) para pasar posteriormente a la firma Grupo Cepas Argentinas, que sigue comercializando la marca hasta la actualidad.

A través del tiempo, la comercialización del Amargo Obrero ha tenido pulsiones variadas conforme las distintas situaciones de orden económico por las que nuestra sociedad ha atravesado. Con la crisis vitivinícola de 1950, los fabricantes de Amargo Obrero debieron apelar al lanzamiento de una importante campaña publicitaria. En las radios, se repetía el aviso: “El trago vistoso para el hombre vigoroso” y también data de la misma época el slogan “El aperitivo del pueblo argentino”. Se colocaron carteles con avisos de la bebida en las ciudades más importantes de nuestro país y en los lugares de concentración de obreros a los que llegaba su bebida. Además se hicieron llaveros, almanaques, ceniceros rojos y negros que se exhibieron en cuanto lugar se expendiera la bebida. Se implementó una campaña de publicidad basada en la utilización de vehículos “Rastrojeros”, fabricados por Industrias Mecánicas del Estado (I.M.E) especialmente acondicionados, “tuneados”, para atender la distribución y la publicidad de la bebida.

En 2017, el Amargo Obrero fue declarado como parte del patrimonio cultural de Rosario, debido a su origen popular y su vinculación histórica con las costumbres sociales a nivel nacional.

Salute compañeros.

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