JUEVES, 04 DE JUN.

La mitad de los argentinos considera que sus ingresos no alcanzan a cubrir los gastos: ahorrar es casi un imposible 

El dato se desprende de un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que advirtió que los hogares de ingresos bajos y medios fueron los más afectados por el “estrés financiero”, un concepto más amplio que el de pobreza, dado que tiene en cuenta la percepción de los ciudadanos.

 

El 50% de la población argentina dijo sentirse bajo estrés económico durante el año pasado, según informó un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). Además, se destacó que un 45,6% de los ciudadanos eran pobres y un 11,2% estaba por debajo de la línea de indigencia.

“El indicador de estrés económico da cuenta del modo en que los hogares experimentan sus restricciones, incluso si se ubican por encima de la línea de pobreza. Se trata de la manifestación de insuficiencia de ingresos por parte de los miembros del hogar, es decir, la percepción de que los ingresos totales no alcanzan para cubrir los gastos básicos mensuales y sostener los patrones de consumo, declarando así también la imposibilidad de ahorrar”, detallaron desde la UCA.

El informe también observó que, más allá del nivel de ingreso, el estrés económico está ligado a la inseguridad laboral, al endeudamiento, la inestabilidad habitacional y las dificultades para acceder a servicios básicos.

En base al relevamiento realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, durante el año pasado un 47% de los hogares encuestados dijo tener estrés económico, es decir, sintió que sus ingresos no alcazaba para afrontar los gastos. El estudio señaló que un 36,6% de las viviendas analizadas estaba bajo la línea de pobreza (es decir, no llegó a cubrir sus necesidades básicas), mientras que el 8,8% eran indigentes y no llegaron a satisfacer la Canasta Alimentaria.

En el 2010 –cuando se registró el primer dato de esta medición– el estrés financiero afectaba al 35,1% de los hogares y al 38,9% de las personas. El nivel más bajo en ambas series se dio en el 2011, con un 32,4% y 35,1%, respectivamente, mientras que desde el 2022 a esta parte los indicadores fueron en franco ascenso.

Fuente: EDSA-Bicentenario (2010-2016) – EDSA-Agenda para la Equidad (2017-2025), Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA.

“Entre 2022 y 2024 los sectores medios bajos se han visto particularmente afectados, con una creciente proporción de hogares que ingresan a situaciones de estrés económico”, alertó el informe, que señaló que en los sectores socioeconómicos bajo y medio bajo se registraron los porcentajes “más elevados de estrés económico”.

Los sectores humildes, los más afectados por la crisis económicas

Un 77,2% de las personas que integran el sector socioeconómico más bajo percibió estrés financiero, mientras que, dentro de los ciudadanos que integran el nivel medio-alto, sólo el 15,2% dijo sentir que sus ingresos no alcanzaron a cubrir los gastos, aunque esta cifra creció en los últimos años.

En el caso de los estratos bajos y medios-bajos, la percepción de deterioro económico se acentuó en los últimos meses: el estrés subió con fuerza entre 2022 y 2024 y, sobre el final del año pasado, un 62,2% y un 36,7% de las personas, respectivamente, percibió que sus ingresos no alcanzaban a cubrir sus gastos.

 

Desde la UCA advirtieron que los niveles de estrés económico crecieron en los hogares donde hay niños o en las personas que conviven con ellos: al cierre del año pasado, esta situación afectó al 55,6% de los ciudadanos y al 54,6% de las viviendas relevadas.

“En los estratos de nivel socio económico más bajos, en comparación al resto, casi el 40% manifestó sentir estrés económico durante los últimos tres años. En los estratos medios-bajos se destaca un crecimiento, donde hogares que en 2022 no percibían estrés económico, sí lo hicieron en 2023 o en 2024”, completó el informe.

¿Por qué aumenta el estrés económico?

Las personas y los hogares que se encuentren en situación de pobreza y, sobre todo, de indigencia tienen más posibilidades de mostrar estrés económico. El hecho de no tener acceso a la salud –más allá del sistema público– y de no tener estabilidad laboral también hacen sentir que los ingresos no alcanzan a cubrir los gastos.

“Que el hogar no disponga de una vinculación formal con el mercado de trabajo incrementa la probabilidad de estrés económico (seguramente, por motivos de incertidumbre e inestabilidad laboral y de ingresos). También puede suponerse que el malestar psicológico aumente la percepción de que los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos básicos”, añadió el relevamiento.

Un pantallazo de los últimos años

En el 2010 un 38,9% de la población dijo sentirse con estrés económico. La cifra bajó al 35,1% en 2011 –la medición más baja de la serie– para dispararse al 38,1%, 44,7% y 47,5% en los tres años posteriores. Recién en 2015 bajó al 41,3%, pero al año siguiente volvió a subir alcanzando un pico del 51,9%.

Si bien el estrés financiero bajó en 2015, no ocurrió lo mismo con la pobreza –entendida como los ingresos que se necesitan para cubrir la Canasta Básica–, que creció entre el 2011 y el 2016, para caer al 28,2% en 2017.

Asimismo, en el 2016 se registró un pico en los números de pobreza, indigencia y estrés económico medidos por la UCA; mientras que al año siguiente se produjo una considerable caída en estos indicadores, que luego mostraron dos años seguidos de recuperación.

“En la fase 2017-2019 se registró un aumento en todos los indicadores; sin embargo, el crecimiento de la pobreza por ingresos es más pronunciado que el de estrés económico. Entre el 2019 y el 2020 la pobreza por ingresos se incrementó del 31% al 35%, mientras que el estrés económico disminuyó. En la recuperación parcial post pandemia se exhibió una tendencia descendente en los déficits, pero a partir de 2022 las curvas volvieron a ascender”, observó el informe.

Y añadió: “El estrés económico supera en todo el período a la pobreza, con diferencias de 10 a 20 puntos porcentuales”.

Del total de hogares, el 45% declaró percibir estrés económico entre 2017 y 2024. No obstante, este porcentaje asciende a alrededor del 71%-76% entre los pobres y al 86%- 90% entre aquellos en situación de indigencia. “Hay un mayor estrés económico a medida que aumenta la privación monetaria. Además, un 30% de los no pobres manifiestan sentir estrés económico, lo cual sugiere que la percepción de pobreza no está limitada al umbral monetario”, explicaron desde la UCA.

Y cerró: “La condición de pobre no indigente aumenta en cinco veces las chances de estrés económico, mientras que encontrarse en una situación de indigencia aumenta dicha probabilidad en diecinueve veces”.

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