Quien no propone, administra la derrota
Más allá de la discusión técnica referida a la reciente aprobación por parte del Senado de la ley de reforma laboral, lo que expresa es un corrimiento del eje cultural y político: la instalación de una agenda que redefine derechos históricos como si fueran obstáculos y no conquistas sociales. Esa agenda, hace pocos años, hubiera sido impensable con ese nivel de consenso político.

