JUEVES, 04 DE JUN.

Historias al plato: «otra vez sopa»

El término “sopa” deriva de una expresión germánica (soppa) utilizada para designar una rebanada de pan mojada en líquido, que llegó a popularizarse y evolucionó con ingredientes y técnicas diversas a través de distintas civilizaciones, desde aquellas rudimentarias y prehistóricas cocinas, pasando por las que le procuraban los antiguos griegos y romanos hasta las más modernas.

 

La expresión, inocultablemente recurre a una sensación de hartazgo, de fastidio y desilusión a la que nos deriva la obligada recurrencia a consumir esa preparación, generalmente no aceptada por la comunidad infantil, y agrego por mi cuenta, quizá lo sea precisamente por la impuesta repetición a hacerlo desde el mandato materno, cuando lo esperable haya sido la aceptación de otras diversos platos en esa etapa de formación de nuestro intelecto culinario.

Es sinónimo de “más de lo mismo”. Le cupo a la inefable Mafalda popularizar esta expresión convirtiéndola en una frase común y entendible. Quino, el inmenso autor de la serie, explicaba que el odio a la sopa de la protagonista era una alegoría a los regímenes totalitarios en el cono sur, ya que la sopa representaba la imposición a seguir normas estrictas y dejaba en evidencia la falta de libertades que se vivía en aquellas épocas. Para Quino, a través de su personaje Mafalda, la sopa representaba una metáfora sobre las dictaduras y el autoritarismo vigentes en nuestros países por aquellos tiempos.

A partir de ello esta ancestral preparación culinaria ha sido objeto, desafortunadamente, de la más insidiosa propaganda que sólo ha contribuido a generar “mala prensa” en perjuicio de esta noble preparación culinaria.

Sin embargo, en favor de la reivindicación del valor de nuestra sopa, y sin perjuicio de lo expresado respecto a los momentos nefastos que nos tocaron vivir que produjeron aquella idea conceptual tan acertada para graficar un momento de nuestra historia, pero muy lejana a la verdadera dimensión que nos corresponde otorgarle a este alimento ancestral y su innegable contribución a la alimentación de la humanidad.

HISTORIA DE LA SOPA

Sin temor a incurrir en exageración, podemos afirmar que la sopa constituye el primer y mejor invento de la cocina.

La domesticación del fuego es innegablemente uno de los más importantes inventos que la humanidad ha tenido en toda su historia, al punto que podemos decir que todos los demás ingenios que el hombre ha aplicado son una consecuencia de ello.

Con el fuego se protegían, inicialmente, de los depredadores en aquellas largas noches de invierno, también de otros enemigos como el frío, y además gracias a él, consiguieron ablandar los alimentos, asándolos o cocinándolos.

Debió haber sido sorprendente para aquellos homínidos del Paleolítico la primera vez que sumergieron un trozo de carne o vegetal en agua, lo calentaron y probaron ese nuevo líquido que conservaba el sabor de aquello que habían expuesto a este procedimiento, ¡Se había descubierto la sopa!

Este hallazgo cambió el rumbo de la humanidad al experimentar una modificación en sus hábitos alimenticios que influiría notablemente en su capacidad craneal, ya que sus mandíbulas, al no ser una masticación forzada y constante para ablandar los alimentos, dejaría espacio para el desarrollo del cerebro con todas las ventajas que ello trajo aparejadas para la evolución humana.

PRIMEROS DESARROLLOS

El término “sopa” deriva de una expresión germánica (soppa) utilizada para designar una rebanada de pan mojada en líquido, que llegó a popularizarse y evolucionó con ingredientes y técnicas diversas a través de distintas civilizaciones, desde aquellas rudimentarias y prehistóricas cocinas, pasando por las que le procuraban los antiguos griegos y romanos hasta las más modernas.

Como dijimos, la historia de la sopa se remonta al período Paleolítico, cuando nuestros ancestros la generaban al pretender ablandar alimentos sumergiéndolos en agua caliente.

Desde entonces evolucionaron en diversas culturas, desde los caldos griegos y romanos para atender sus ejércitos y sus proverbiales banquetes, hasta llegado el medioevo.

En el caso de los griegos, las sopas se preparaban con carnes y cereales. Los espartanos bebían el famoso “caldo negro” hecho con sangre animal, vinagre, sal y hierbas.

Los romanos consumían sopas de cebada y garbanzos y con la incorporación de productos de estación. El cocinero Apicio, en su obra “De re coquinaria” documentó sopas de lujo con ingredientes exóticos.

En la Edad Media, la sopa pasó a convertirse en un plato básico y muy a menudo se sirvió en aquellos pantagruélicos banquetes, permitiendo remojar (“sopar”) el pan en diferentes líquidos como caldos, vinos, leche. Las recetas variaban conforme los consumidores procediesen de una u otra clase social y según las festividades en las debían servirse..

Aparecieron los “caldos de gallina” a los que se les adjudicaban propiedades medicinales para atender enfermedades respiratorias.

Llegada la Edad Moderna, aquel término de origen germánico “soppa” se latinizó como el actual sopa.

A partir de la Revolución Francesa, la caída de la aristocracia impulsó a los “chefs” a abrir restaurantes, donde se ofrecían infinidad de sopas, lo que se ha considerado como el nacimiento de los establecimientos de “restauración” alimenticia.

En el siglo XVI las grandes sopas se hicieron más presentes en las cocinas occidentales.

Más cerca de nosotros, con la Revolución industrial, a finales del siglo XIX se inventaron las sopas concentradas, enlatadas para facilitar su conservación y distribución. En 1897 aparecieron las icónicas sopas Campbell, caracterizadas por su diseño en rojo y blanco.

Con la industrialización se introdujeron las sopas de sobre, instantáneas, que modificaron radicalmente la forma de consumir este alimento.

Actualmente, la sopa es un plato universal con infinitas variaciones, lo que permite reflejar en cada caso la diversidad cultural de la región de la que proviene.

LA SOPA PARA LOS ARGENTINOS

Este plato icónico, ha estado presente en nuestra historia, principalmente a través del caldo, que se consumía al final de cada comida, como bajativo, en el siglo XIX, a diferencia de hoy. Aquellas sopas y otras preparaciones sucedáneas (guisos más o menos caldudos) que son platos sustanciosos, también formaron parte de la dieta popular desde el siglo XIX, reconociendo orígenes prehispánicos (como en el caso del locro). Aunque la sopa casera es menos común en la actualidad, su legado se mantiene vivo en la memoria afectiva y en la gastronomía que pretende recuperar platos tradicionales.

Si bien la sopa casera, como decíamos, ha disminuido en consumo debido a los estilos de vida modernos que privilegian la inmediatez y la practicidad de las sopas industriales con todas sus versiones “gourmet”. No obstante, debemos decir que nos resulta, diría casi irrefrenable el deseo de, en esas noches de frío, saborear una excelentísima sopa casera de verduras, o de gallina, con arroz o fideos. ¡Elixir de los dioses!

(LA YAPA)

LA SOPA DE PIEDRA

El título proviene de un cuento de la literatura popular europea que ha sido adaptado en múltiples versiones a lo largo del tiempo. En nuestro país la versión ha sido utilizada para su difusión en el ámbito escolar. Inclusive hay una versión en un contexto de animales, a modo de fábula con su consiguiente moraleja. Pero no resulta inapropiado extenderla a todo el contexto social para generar una profunda reflexión que inexorablemente deberá emanar al tomar conocimiento de su argumentación.

Se basa en los pormenores a los que debe ajustarse un soldado que pretende hacer una sopa “mágica” partiendo de la disponibilidad de solo agua y una piedra. Deberá invitar a toda la comunidad a participar del festín.

El soldado viajero llega a un pueblo donde la gente vive aislada y no acostumbran compartir nada.

Su intención es convocar a todo el vecindario a colaborar con ingredientes a su sopa de “agua y piedra” que permitan aportar sabores deliciosos. Los vecinos intrigados por la propuesta, acceden a contribuir con sus ingredientes, logrando al final obtener el propósito deseado: una sopa deliciosa que todos comparten.

La historia enseña el valor de la colaboración y la solidaridad para lograr un fin común; y la sopa adquiere en ella un protagonismo inusual, como lo hace en nuestras propias historias.

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