Por Facundo Díaz D’Alessandro

Como si fuera una de esas sagas malas de películas de terror, la economía argentina parece repetir una trama que empeora con cada versión, y cuyo papel principal está hoy en una variable clave: la inflación.

A pesar de los indicadores que grafican una recesión devastadora (capacidad instalada de la industria, caída de la actividad, caída del consumo y la producción), el alza de precios no cede y registró en el primer bimestre un 6,8%. Para ilustrar: sacando Venezuela, la inflación de todos los países sudamericanos sumados, en los primeros dos meses del año, es menor a la argentina.

Para marzo, ni los más optimistas del oficialismo esperan que el número diste mucho del 3% mensual que viene registrando, tendencia que parece ratificar un dato publicado por el Indec este martes: la inflación mayorista de febrero fue 3,4%, que preanuncia futuros traslados a precios de consumidor.

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En el intento de clarificar este contexto económico que desahucia a la mayor parte de la sociedad, Conclusión consultó al analista de economía y finanzas Salvador Di Stefano, quien a contramano de lo que afirman algunos economistas e incluso lo que parecen creer quienes deciden las políticas monetarias fuertemente contractivas del Gobierno, aseguró que “la inflación en Argentina es un problema estructural, no monetario”.

“La capacidad productiva del país está al tope y nadie quiere ampliarla”. 

“Es en general producto de factores como tener tipo de cambio atrasado, actualización de tarifas públicas y una carencia de inversiones que no te permiten aumentar la productividad y competitividad en el país. En la medida que no tengas nuevas inversiones y generen nuevas ofertas de productos en el mercado, Argentina está condenada a tener inflación”, detalló.

Y en el mismo sentido, afirmó que “la capacidad productiva del país está al tope y nadie quiere ampliarla, todo aumento de insumos que sea desde aumento de energía eléctrica, gas, combustible o el mero hecho de que te den aumento salarial, impacta sobre precios y hace que la inflación se viva retroalimentando permanentemente”.

El plan del BCRA

Respecto al enfoque que tiene el Banco Central (BCRA) sobre el problema inflacionario, Di Stefano apuntó: “Sandleris (presidente de esa entidad), no yo, dice tres cosas: que la inflación siguió aumentando por el aumento de tarifas de servicios públicos, el aumento del precio de la carne y el aumento mayorista más alto que el minorista, con lo cual en la cadena hay un montón de gente que perdió margen y aprovecha esta coyuntura para recuperarlo”.

“Por más que se congele la cantidad de emisión de moneda, si aumentan insumos y no la capacidad productiva va seguir aumentando la inflación”.

“Todavía hay un montón de precios que no se han acomodado a la realidad de mercado con lo cual veo la inflación, en un buen escenario, en torno del 35% anual”, sostuvo el analista, a la vez que consideró que “la economía argentina tiene una inflación estructural del 2% mensual”.

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“Por más que se congele la cantidad de emisión de moneda, si aumentan insumos y no la capacidad productiva va seguir aumentando la inflación”, expresó en relación al anuncio hecho días atrás por el el directorio del BCRA para continuar hasta fin de año con el plan de “base monetaria 0”.

No obstante, Di Stefano descarta un escenario de “hiperinflación”. “Es en un contexto muy recesivo y al no incrementar la emisión no hay combustible para una hiperinflación. Vas a tener hiper cuando algo lo alimente, hoy el estado dice que no va a emitir, está la base congelada. El escenario sí es de alta inflación por falta de inversión”, puntualizó.

Sálvese quien pueda

Una de las consecuencias directas de la política monetaria oficial, que incluye tasas de referencia altísimas (el costo del dinero ronda desde hace meses el 60%), es la depresión generalizada de la actividad económica, con actividades industriales que muestran signos vitales escasos.

“No vamos a ver una mejora de actividad importante en el segundo semestre”. 

“Lo dije antes de que ocurriera, esto (la recesión) va a seguir, probablemente se atempere pero no vamos a ver una mejora de actividad importante en el segundo semestre”, se anticipó Di Stefano, quien meses atrás había dicho a Conclusión que “hasta junio como mínimo” iba a estar todo parado.

Otro dato que llamó la atención en las últimas semanas, y que ilustra la profundidad de la crisis local, fue el dato del balance de la firma alimenticia Arcor, una de las más grandes del país, que arrojó pérdida por segunda vez en su historia (la anterior en 2002).

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“A las grandes les cabe como a cualquiera. Vi el balance de Arcor del último trimestre, mostró fuerte caída de ventas en octubre, noviembre y diciembre. Cuando tenes caída de ventas y costos tan altos impacta fuerte en los resultados”, analizó el consultor.

Y añadió: “La Serenísima también tuvo pérdida, nos encontramos con todas las empresas que cotizan en bolsa y dan pérdida por caída de ventas en el cuarto trimestre del año. Lejos de ceder, en el primer trimestre de 2019 volvió a subir luz, gas, alquiler, salarios, con lo cual en primer trimestre de marzo vamos a encontrar que estas mismas empresas van a volver a dar pérdida”.

“A las grandes les cabe como a cualquiera. Vi el balance de Arcor del último trimestre.  Cuando tenes caída de ventas y costos tan altos impacta fuerte en los resultados”. 

Para graficarlo más claramente, el analista dijo: “Que sucedió en el primer trimestre para que reviertan lo de 2018? Nada. ¿Qué pasó para que la gente compre más lácteo, golosinas o lo que se te ocurra? Estamos en una contracción de consumo. Acá no hay efecto riqueza, a lo sumo una paritaria que te devuelva, algo, el poder de consumo perdido en pasado”.

En cuanto a los despidos, suspensiones y pedidos de procedimientos preventivos de crisis en empresas, Di Stefano vaticinó que “es probable que eso siga ocurriendo”. Y dejó un dato de relevancia local: “Más en Rosario que es una ciudad donde abunda el cuentapropismo, es de los que más castiga este modelo. Por eso es una de las ciudades donde el presidente tiene más imagen negativa”.

La cosecha y el factor dólar

Por último, consultado por las chances de una corrida cambiaria próxima si el campo “no liquida rápido la cosecha”, algo que vienen advirtiendo algunos economistas, el analista de negocios no observa ese escenario.

“Lo primero que hay que saber es que el maíz de primera siempre se vende porque tiene precio alto, son 15 millones de toneladas que nadie va a retener porque cuando coseches en julio el maíz tardío y entre la cosecha de Brasil, el maíz vale menos, por eso se vende en su totalidad”, arguyó.

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Y concluyó: Históricamente, acá en Rosario, la cosecha de soja en un 50% siempre se vende, porque tenés que pagar deudas, el otro 50 se va vendiendo paulatinamente a medida que transcurren los meses, para volver a comprar insumos alquileres, y demás. Si liquidás 50% de soja y todo maíz de primera, más o menos son 7.000 u 8.000 millones de dólares, que pueden permitir un tipo de cambio planchado, si agregás el anuncio de Hacienda para vender 1.200 millones por mes del Tesoro, no creo que vaya a subir fuerte el dólar en ese escenario recesivo”.