La jornada laboral de ocho horas, una conquista de los trabajadores que algunos empresarios pretenden destruir
El magnate Elon Musk dejó entrever su deseo de aumentar la jornada laboral. Lo más preocupante de estos comentarios, que tienden a naturalizar que no haya descanso dominical o que se trabaje más de ocho horas por día, es que no aparece un contradiscurso que los refute.
- Info general
- Por Elisa Soldano
- May 1, 2025
A partir de 1886, cuando se trabajaba hasta doce horas por día, la clase obrera inició una larga pero victoriosa lucha -que se extendió por varias décadas, con huelgas, represión y trabajadores asesinados mediante- para reducir la jornada laboral a ocho horas. A casi cien años de esta conquista, hay algunos empresarios mundiales, como el multimillonario Elon Musk, que deslizaron su intención de aumentar el tiempo de trabajo.
Ante el avance de estos discursos, y en el marco de un nuevo 1 de mayo, Día Internacional del Trabajador, es necesario recordar las luchas que los obreros del mundo llevaron adelante durante décadas para conseguir la jornada laboral de ocho horas, el descanso dominical y el sábado inglés; pero también reflexionar sobre la organización del movimiento obrero en medio de un capitalismo que parece orientarse a la explotación laboral.
En diálogo con Conclusión, en doctor en Historia Gustavo Guevara mencionó que hubo tres hitos que influyeron en la conquista de este derecho: “La jornada de ocho horas de trabajo fue producto de una lucha prolongada y extensa, que tiene un primer mojón significativo en los trabajadores de la ciudad de Chicago de 1886, donde hubo protestas masivas y actos a favor de reducir la jornada, que era de 10 o 12 horas, a veces incluso algo más. Esto llevó a que el Poder Judicial y el Gobierno, tanto de la ciudad como de Estados Unidos, reprimiera y condenara a muerte a un conjunto de obreros”.
“Ese primer hito -continuó Guevara- fue retomado en París en 1889 cuando se volvió a organizar una Internacional de Trabajadores, que después adoptó el nombre de la Segunda Internacional. En ese marco se fijó que el 1 de mayo del año siguiente, 1890, sea una fecha adoptada por el conjunto de la clase trabajadora para llevar adelante una huelga y tener como reivindicación central la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas. Fue la primera vez que en muchísimos países los trabajadores promovieron movilizaciones, actos y publicaciones de manifiestos. De hecho, se convirtió en la primera fecha en ser conmemorada en casi todos los países que hoy forman parte de las Naciones Unidas”.
Y prosiguió: “El tercer hito se da cuando finaliza la Primera Guerra Mundial, que va de 1914 a 1918. Como parte de los acuerdos para reconstruir ese mundo que había quedado destruido, se creó en 1919 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y se impulsó a que los países adopten la jornada laboral de ocho horas. Esto venía siendo una iniciativa del presidente de Estados Unidos (Woodrow) Wilson que, ante el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia y el fortalecimiento de los sindicatos, pensó que ante una competencia inter-capitalista no podía haber países favorecidos por jornadas más extensas de trabajo, sino que todos debían competir sobre la misma base. Las ocho horas de trabajo no se adoptaron automáticamente por el conjunto de los países, pero sí empieza a haber un norte que señala que la jornada tiene que tener límites y que esa restricción está asociada a la lucha que había empezado en 1886”.
“Ahora se propone un aumento de la jornada de trabajo y que eso se acepte como algo natural y lógico. Además, se lo presenta como una falsa salida a la crisis, porque si los que tienen empleo van a trabajar más horas, la tasa de desempleo va a crecer”, añadió.
¿Cuándo se limita la jornada laboral en Argentina?
Al igual que en gran parte del mundo, en Argentina -un país que no fue ajeno a los reclamos de trabajadores- la jornada laboral empezó a reducirse a ocho horas diarias al finalizar la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Guevara señaló que el cambio fue paulatino: empezó a registrarse en algunos convenios colectivos, mientras que en los años de entreguerra (de 1918 a 1939) se generalizó hacia el resto de las ramas.
“Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial se hace un encuentro en México con todos los países del continente, y ahí se adopta una especie de carta social, de compromiso, para garantizar una serie de derechos laborales, entre ellos la jornada de ocho horas de trabajo. Al mismo tiempo se incorporan otros derechos que habían estado en discusión, como la huelga. Estos dos derechos figuran en el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional a partir de 1957”, explicó el doctor en Historia.
En el último siglo Argentina volvió a discutir en reiteradas oportunidades la jornada laboral. Sin ir más lejos, hace dos años la Cámara de Diputados de la Nación trabajó en comisiones varios proyectos que buscaban reducir las horas de trabajo a seis diarias o treinta semanales. Pero ante un panorama que cambia a un ritmo vertiginoso, hoy es difícil pensar que esas iniciativas prosperen.
Cabe destacar que la intención de reducir aún más la jornada en Argentina no es nueva. Para 1930, la Gran Depresión provocó un aumento en la cantidad de desempleados en el país y los anarquistas propusieron trabajar seis horas al día, con el objetivo de que aumente así la cantidad de obreros, dado que se iba a necesitar de más mano de obra para mantener la producción.
Capitalismo “fordiano” versus capitalismo del siglo XXI
Contrariamente a lo que suele pensarse, los avances tecnológicos del siglo XX fomentaron la reducción de la jornada laboral. Un ejemplo claro es el “fordismo”, un modelo de producción impulsado por empresario automotriz Henry Ford, quien introdujo en sus plantas una cinta de montaje. “Simbólicamente muestra que al tiempo de producción lo impone el capital, dándole una velocidad determinada a la cinta a la cual el trabajador se tiene que adaptar. La transformación tecnológica permitió aumentar la productividad, pero Ford se dio cuenta que ese ritmo se podía mantener si la jornada estaba limitada a ocho horas, porque si se extendía a doce era probable que el empleado empiece a cometer errores”, explicó Guevara.
Y observó: “Si hace cien años atrás Henry Ford, que era el símbolo de aquel capitalismo, proponía las ocho horas, ahora uno de los principales multimillonarios, símbolo del capitalismo del siglo XXI, está proponiendo una jornada de trabajo de 17 horas. Un esclavo en una plantación en el siglo XIX tenía una jornada máxima de catorce horas. En los campos de concentración nazis los prisioneros tenían una jornada máxima de trabajo de doce horas. O sea que el trabajador más explotado y denigrado tenía una jornada de trabajo, que iba de lunes a lunes, que no llegaba a ser de diecisiete horas como propone Elon Musk”.
El profesor de historia señaló que aumentar la jornada laboral implicaría el riesgo de que solo una minoría acceda al mercado de trabajo, mientras que una enorme cantidad de personas serían “condenadas al descarte”, y señaló que se trata de imponer un modelo de “capitalismo salvaje”, basado en la explotación y el sometimiento.
El profesor de historia Paulo Menotti también analizó ante Conclusión la situación y observó: “La burguesía siempre buscó que los empleados trabajen más y cobren menos. El proyecto siempre fue oprimir a la clase trabajadora. Como ahora se sienten con aire para expresarlo, lo dicen, pero ese es el proyecto histórico. Siempre negaron los derechos de los trabajadores provocando muertes y masacres”.
¿Qué les queda a los trabajadores?
“Estamos en una coyuntura histórica de mutaciones muy profundas. Si en siglo XIX y XX se resistió, creo que el siglo XXI no va a ser la excepción, pero es muy importante entender que lo que está en curso es lo que la ultraderecha denomina la batalla cultural. Si se luchó por una jornada de ocho horas de trabajo fue porque los trabajadores no aceptaron que la clase obrera tenía que ser una forma de esclavitud moderna”, analizó Guevara.
Y apuntó: “Hay que ver cómo los trabajadores encuentran en este nuevo ecosistema cultural atravesado por las redes sociales, que promueven el individualismo, los canales necesarios para poner en pie una resistencia, que debe construirse sobre la base de un debate abierto frente a ese otro proyecto. Lo más preocupante de las declaraciones de Elon Musk es que no aparece un contradiscurso y empieza a naturalizarse que un trabajador no tiene que descansar los domingos. Me parece que los sindicatos tienen una tarea muy importante en esto. La gran batalla que se tiene que plantear el campo de los trabajadores es cómo construir un discurso que no naturalice esa realidad”.
Al ser consultado por el valor que tiene la huelga, una histórica herramienta de lucha para la clase trabajadora, el historiador valoró: “Es muy importante, pero más aún cuando es general, porque el trabajador no solo está amenazado por la represión, sino también por la posibilidad del despido arbitrario”.




