Gambina: «Es necesaria una dinámica social que discuta el orden económico, social y político y una propuesta que sintetice esa protesta»
El doctor en Ciencias Sociales Julio Gambina, sostuvo que en Argentina crecen la desigualdad y el empobrecimiento, mientras el ajuste se expresa en precarización laboral, freno a la inversión pública y anuncios pensados para los mercados de exportación; planteó reducir la jornada laboral y un proyecto de país.
- Conclusión en Buenos Aires
- Por Aldo Battisacco
- Jul 7, 2026
El doctor en Ciencias Sociales y docente universitario Julio Gambina afirmó que el mundo atraviesa un proceso de reorganización “de la economía, la política y la cultura” a escala global, con cambios en curso desde hace “tres o cuatro décadas”. En ese marco, sostuvo que quienes vivieron las décadas de 1950, 1960 y 1970 perciben que “ese mundo se terminó” y que hoy se vive “otro mundo”, donde ya no existe una expectativa social de transformaciones profundas.
Como primer punto de comparación, Gambina, en diálogo con Conclusión, remarcó que, en la Argentina de los años 60 y 70, la pobreza oscilaba entre “tres o cuatro por ciento” y el desempleo alrededor de “dos o tres por ciento”, condiciones que desaparecieron hace décadas. En contraposición, señaló que los indicadores económicos actuales apuntan a “un proceso de concentración de capitales” y “crecimiento de la desigualdad”, con “una riqueza fenomenal en pocos multimillonarios vinculados a empresas de tecnología avanzada e inteligencia artificial», mientras crece una “masa impresionante de personas empobrecidas».
El especialista describió que en la región y el continente, el empobrecimiento se amplía y se convierte en una base social extendida, y explicó que en el país el problema del empleo no se resuelve con el dato de una tasa de desempleo “entre el siete y el ocho por ciento”, para luego señalar que hay subempleo y precarización, al referir que muchos desempleados pasan a actividades informales o de “changas” que mantienen una «ocupación aparente pero sufren el deterioro del ingreso y quedan sin seguridad social».
También señaló el impacto del freno a la inversión pública: “hace un poquito más de dos años” no habría obras de infraestructura, lo que se traduce en deterioro de rutas, hospitales y escuelas públicas. Al mismo tiempo, criticó el discurso oficial que presenta crecimiento, citando el dato de que en 2025 la economía habría crecido “cinco coma cinco por ciento”. Para Gambina, el crecimiento convive con millones de personas que “sienten que no les toca”, mientras empresas –especialmente pequeñas y medianas- cierran y despiden trabajadores, configurando un “balance contradictorio”.
Autoritarismo y manipulación: del fútbol a la política
Durante su exposición, Julio Gambina sostuvo que el deterioro socioeconómico avanza en paralelo con una tendencia global hacia formas de gobierno cada vez más autoritarias. También planteó, que ese fenómeno no solo se expresa mediante la represión o el incremento del gasto militar, sino también a través de mecanismos de manipulación que alcanzan aspectos cotidianos de la vida social.
Como ejemplo, mencionó un episodio ocurrido durante un Mundial de fútbol, en el que apuntó que se retiró una sanción para favorecer a un jugador. Para el catedrático, ese tipo de decisiones refleja cómo el autoritarismo también puede manifestarse en ámbitos aparentemente ajenos a la política, influyendo sobre cuestiones «elementales» con el objetivo de moldear «percepciones y construir consensos».
Revolución, jornada de trabajo y un futuro posible
En el tramo histórico de su intervención, vinculó el presente con los debates del pasado, incluyendo el 9 de julio de 1816 y la discusión sobre cómo organizar económica y políticamente a la Argentina. En esa línea, recuperó la disputa por la jornada de ocho horas y sostuvo que, pese a los niveles de desempleo o subempleo actuales, existirían condiciones para avanzar hacia una reducción de la jornada laboral, planteando como horizonte “seis horas, cinco horas y hasta cuatro horas”, acompañadas por ingresos adecuados. Además, sostuvo que ningún trabajador debería percibir por debajo del costo necesario para “reproducir la vida cotidiana” y mencionó como referencia cifras mínimas que, dijo, hoy no alcanzan la mayoría de los salarios.
Para Gambina, la respuesta no se reduce a la robótica, sino a un proyecto que permita que toda la población en edad de trabajar esté ocupada con menor cantidad de horas, aprovechando el desarrollo tecnológico y la digitalización para mejorar la calidad de vida. Sin embargo, aseguró que ese potencial no se materializa porque el capitalismo funciona con explotación del trabajo y saqueo de recursos, particularmente la tierra. Acumulación, salida de capitales y “dolarización de excedentes”
El docente también cuestionó el sentido de un supuesto “éxito” exportador. En ese punto, sostuvo que empresas y ahorristas pueden enviar capitales al exterior, depositarlos en el exterior o mantenerlos en “caja de seguridad”, y que ese dinero no se integra a la circulación productiva dentro del país. El resultado, sería una acumulación de riqueza para pocos.
Resistencia y necesidad de una propuesta política
Consultado sobre si alcanza con la resistencia, Gambina afirmó que se requieren dos cuestiones: una dinámica social que discuta un orden económico, social y político distinto; y una propuesta que sintetice esa protesta. Recordó el proceso que precedió al 2001, cuando se expandieron movilizaciones vinculadas al desempleo y al reclamo de ingresos, con expresiones como “piquetes y cacerolas”, y sostuvo que ese clima abrió la demanda por cambiar el rumbo económico, precipitando el colapso de la convertibilidad.
Asimismo, señaló que las ideas que impulsaron ese modelo “no son muy distintas” de las que hoy gobiernan, mencionando a referentes de la agenda ultraliberal en distintos períodos. A partir de allí, planteó que la población debe “decir no” para evitar que el deterioro continúe, criticando narrativas oficiales centradas en la baja de la inflación mientras persisten cierres de empresas, despidos y empeoramiento de condiciones de vida.
Frente a un plan financiero orientado a mercados, el reclamo social debe tener lugar
El especialista cuestionó además la comunicación dirigida a “mercados” y grandes capitales en torno al plan 2026-2027, señalando que no hay mensajes equivalentes para la sociedad, en particular para jubilados. Propuso que la discusión se traduzca en políticas que aborden ingresos, medicamentos y transporte, y extendió el enfoque hacia una estrategia de industrialización de recursos naturales como litio y cobre, con el objetivo de generar empleo y desarrollo regional, evitando que el beneficio quede concentrado.
Contacto con nuevas generaciones y el concepto de revolución
Finalmente, Julio Gambina sostuvo que pocos dirigentes o comentaristas hablan de “revolución”, y destacó la visibilidad de Myriam Bregman como expresión de una agenda que busca confrontar con el FMI y con los grandes sectores que se benefician históricamente con distintos gobiernos. Y sintetizó que la sociedad debe “pensar en grande” y convertir los sueños en realidad, generando condiciones humanas, materiales e intelectuales para avanzar, insistiendo en que la lucha por educación pública, universidad pública y la defensa de jubilados y jubiladas continúa siendo central.

